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El último tren a la sostenibilidad: Cusco ante el espejo del turismo masivo

Cusco está cambiando más rápido de lo que sus cimientos de piedra pueden soportar. Mientras las cifras de visitantes internacionales se recuperan y rompen récords históricos tras años de vaivenes económicos, la Ciudad Imperial se enfrenta a una paradoja que ningún cusqueño puede ignorar: el motor que nos da de comer está desgastando el hogar que habitamos. No se trata de una alarma nueva, sino de una urgencia impostergable.

Esta semana, las calles del Centro Histórico volvieron a llenarse del murmullo cosmopolita que nos caracteriza, pero también del tráfico caótico, la tugurización de espacios públicos y la creciente presión sobre el Valle Sagrado y Machupicchu. La gestión del aforo en nuestra máxima maravilla y la capacidad de carga de la propia urbe ya no son debates técnicos para burócratas en ministerios limeños; son realidades cotidianas que afectan el agua que tomamos, la seguridad de nuestros barrios y la identidad de nuestra gente. El turismo, concebido originalmente como un puente cultural y una fuente de orgullo, corre el riesgo de convertirse en una industria extractiva si no equilibramos la balanza con urgencia.

El verdadero desafío de las autoridades locales y del sector privado no es atraer más turistas mediante campañas masivas, sino gestionar mejor y con mayor rigurosidad a los que ya llegan. Necesitamos una diversificación de rutas que sea real y planificada, descentralizando los beneficios económicos hacia comunidades altoandinas que aún esperan un impacto positivo tangible, al tiempo que se protege con mano firme el patrimonio material e inmaterial que heredamos de nuestros ancestros.

Cusco no puede ser visto ni tratado como un parque temático transitorio de consumo rápido; es una ciudad viva, con memoria histórica y con ciudadanos que merecen calidad de vida y servicios públicos dignos. Si no cuidamos la gallina de los huevos de oro, nos quedaremos solo con el cascarón de una identidad comercializada y vacía. Es tiempo de actuar con visión de futuro y elegir qué Cusco queremos legar a las siguientes generaciones. La piedra de los doce ángulos resistirá el paso del tiempo, pero la sostenibilidad de nuestra sociedad depende enteramente de las decisiones que tomemos hoy.

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