Sismos en el Valle Sur del Cusco encienden alarmas por baja participación ciudadana en prevención
Tras los recientes movimientos telúricos de magnitud 3.5 y 4.0 que sacudieron la zona del Valle Sur, el arquitecto Miguel Osco, jefe de la Oficina de Gestión de Riesgos y Desastres del Gobierno Regional del Cusco, informó sobre las evaluaciones de daños y el estado de la infraestructura local. Los epicentros se localizaron entre 10 y 12 kilómetros al norte del distrito de Lucre, cerca de Angostura. A pesar de la moderada magnitud, la percepción del sismo fue significativamente mayor en Lucre debido a que la localidad se asienta cerca de un humedal, una condición de suelo blando que acelera las ondas sísmicas, a diferencia de zonas vecinas como Caicay, ubicadas sobre basamento rocoso.
La preocupación de las autoridades radica en el historial sísmico de la zona, que en el año 2024 llegó a registrar más de 600 movimientos de baja intensidad, y en el peligro latente de un evento de gran magnitud. Tomando como referencia desastres internacionales recientes, como el colapso de edificaciones en Venezuela por un sismo superior a los 7 grados, Osco advirtió que la historia sísmica del Cusco contempla escenarios de terremotos de entre 7.2 y 7.5 grados en la escala de magnitud de momento. Ante esta realidad irreversible, el funcionario hizo un llamado urgente a la comunidad para elaborar planes familiares de emergencia, identificar zonas seguras y revisar las estructuras de sus viviendas.
Sin embargo, el principal desafío identificado por la Oficina de Gestión de Riesgos es la alarmante apatía de la población civil frente a las acciones de preparación. Mientras que las autoridades locales y regionales mantienen una participación plena y permanente en los simulacros debido al marco normativo vigente, el nivel de respuesta ciudadana es deficiente y apenas alcanza entre el 5% y 6% de participación activa. Osco lamentó que la gran mayoría de los ciudadanos actúe únicamente como espectadores, omitiendo la identificación de rutas de evacuación y zonas seguras, lo que incrementa notablemente la vulnerabilidad de las familias ante un movimiento real de gran escala.


