Un millonario proyecto de seguridad ciudadana permanece abandonado tras cinco años de gestión ineficiente
Lo que prometía ser uno de los proyectos emblemáticos en materia de seguridad ciudadana ha terminado convertido en un símbolo de desorganización y desidia. Más de 500 cámaras de videovigilancia permanecen almacenadas, inactivas, mientras el presupuesto inicial de 24 millones de soles se disparó a más de 56 millones. Así es, un incremento superior al doble para un proyecto que, después de más de cinco años, sigue sin culminarse y se reduce a cajas apiladas en un almacén municipal.
La Contraloría ha lanzado las alertas, y lo que se ha encontrado dibuja un panorama sombrío: interminables ampliaciones de plazos, pagos cuestionados, equipos incompletos sin las pruebas necesarias y espacios convertidos en improvisados depósitos. Lo que debía garantizar la tranquilidad de los ciudadanos se ha transformado en un cúmulo de cámaras cubiertas de polvo, sin ninguna utilidad práctica.
Mientras tanto, la alcaldesa Jackelin Jiménez y su gerente Héctor Ramos parecen estar más ocupados en cuidar su futuro político que en atender el evidente desorden administrativo y operativo a su cargo. Cuando las prioridades se centran en las campañas electorales en lugar de la gestión efectiva, surgen escenarios como este: millones gastados, proyectos inconclusos y una población que sigue esperando soluciones que nunca llegan.
El caso además pone en duda la reputación de Héctor Ramos, quien ha insistido en presentarse como un «experto» en gestión pública. Sin embargo, los hechos cuentan otra historia: una obra atascada, cuestionada y convertida en el emblema de una gestión caracterizada por la improvisación.
Hoy el distrito de San Sebastián no cuenta con un sistema moderno de seguridad ciudadana. Lo único que tiene son 500 cámaras almacenadas, inertes, enfrentadas a las paredes de un almacén. La pregunta ya no es cuándo estarán operativas, sino cuántos más recursos van a ser absorbidos por este desastroso proyecto.


