Hola, soy Chaska, un perrito que desde muy pequeño vive en las calles del pueblo de Machu Picchu, aunque no recuerdo con certeza si nací aquí o llegué de otra manera.
Básicamente, hay dos maneras de llegar al pueblo y convertirse en callejero que no sean a través del vientre de una madre. La primera es cuando los humanos deciden adoptar e irse a vivir al pueblo, pero con el tiempo, al notar que no hay verdaderamente un espacio apropiado en Machu Picchu para tener a un perro, deciden dejarnos en las calles y luego mudarse, pero sin nosotros. La segunda manera de llegar al pueblo, y la cual es la más popular y representa alrededor del 80% de los casos de perros callejeros, es siguiendo a turistas que han hecho alguna de las grandes caminatas para llegar hasta el pueblo.
Las caminatas más conocidas son el Camino Inca y Salkantay, pero también hay otras maneras de llegar a Machu Picchu, como el tour de Inka Jungle, el camino de Lares o venir caminando por las vías del tren desde Ollantaytambo. Y lo que asemeja todas estas caminatas es que, en algún punto del camino, seguramente te vas a encontrar con un perrito. En ese encuentro, muchas personas ofrecen cariño y hasta comida a los perritos, y de esa manera crean un vínculo entre ellos y continúan el camino juntos, pues el perro decide seguirles y no hay nadie en lo absoluto que lo detenga. Esto, sin saber si es un perro con hogar o callejero, pero aun así lo llevan todo el camino hasta Machu Picchu.
Cuando llegan al pueblo, usualmente las personas que los llevan regresan en tren, dentro del cual no pueden subir al perro, entonces optan por dejarlo en el pueblo. Tal vez creen que el perrito sabe devolverse a su casa o al lugar donde se encontraron, pero usualmente no es así, pues el animal ha podido caminar kilómetros y kilómetros, perdiendo así el rastro de su viaje. Entonces, de esta manera, el perrito queda abandonado a su suerte en el pueblo. Este suceso ocurre prácticamente de forma semanal o mensual, y así es como Machu Picchu se llena cada vez más de perritos.
En mi caso ocurrió algo similar, pero al contrario. A mí no me trajeron y abandonaron turistas. A mí me encontraron turistas ya en el pueblo, compartimos unos momentos inolvidables y ahora ellos están haciendo todo lo posible por adoptarme y darme una mejor vida. Pero antes de contarles sobre esa historia, quisiera contarles cómo hacía para sobrevivir en las calles y cuáles eran las actividades que realizaba normalmente en el pueblo.
Bueno, principalmente, como perrito tengo tres necesidades básicas: comer, dormir y socializar. La primera necesidad la suplía al ir donde una señora que tiene su puesto de hamburguesas cerca al estadio y ella me alimentaba; también cerca de la plaza, donde los Waikys Peludos, y el último lugar era por los buses de Consettur, donde también ponen comida a los perritos. En alguno de estos tres puntos yo comía, o algunas veces en los tres, jiji. Aunque también había días en que los turistas me daban comida porque soy hermoso y me engreían todo a cambio de mi servicio de guía o compañía.
La segunda necesidad, que es dormir, la realizaba mayormente en el mercado artesanal durante las noches. Este lugar se cierra completamente en la noche y, junto con otros Waikychas Peludos, íbamos a dormir ahí, pues hay techo que nos protege de la lluvia, ya que en Machu Picchu acostumbra llover mucho durante todo el año debido a que se encuentra en el centro de un bosque de niebla donde siempre hay agua. Además, dormía ahí para evitar que humanos u otros animales nos molesten. Y, por último, la necesidad de socializar y recibir amor la vivíamos al compartir con las personas del pueblo que nos conocen o haciendo servicio de guía turístico privado a los visitantes que llegaban cada día.
Fue en un servicio de guía en el cual, sin saberlo, cambiaría mi vida. En diciembre conocí a Charlay, una chica inglesa que actualmente vive en los Estados Unidos, y pasamos un par de días espectaculares juntos. Caminamos por todas partes y jugamos mucho. Ahí conectamos de inmediato y ella decidió que deseaba de corazón ayudarme, sacarme de las calles y no dejarme aguantando hambre o frío un día más. Pues, aunque pareciera que siempre tengo dónde comer, en ocasiones no llego a tiempo o los alimentadores viajan y, por ende, no como. Además, aunque tenga techo en el mercado, hay noches en que llueve y hace demasiado frío. Entonces ella, al comprender esto, decidió adoptarme a como diera lugar.
El tiempo que un turista pasa en Mapi es usualmente de una noche o máximo dos; por ende, ella partió sin saber cómo ubicarme de nuevo. Pero fue en enero cuando le dieron el contacto de Carlos, el humano de los Waikys Peludos en Machu Picchu, y él ayudó a ser el puente que me conectaría nuevamente con Charlay, mi nueva madre.
En febrero empezamos de verdad el proceso para mi viaje. Primero, Carlos me transportó a Cusco, donde me hicieron chequeos generales y se dieron cuenta de que todo andaba muy bien conmigo y que, además, era un perrito muy joven, cuya edad no sobrepasaba el año y medio. De esta manera, resultaba más conveniente mi viaje, pues sabían que lo iba a poder soportar y no solamente eso, sino que iba a poder disfrutar toda una vida con Charlay. Entonces decidimos continuar con el proceso.
En ese momento me aplicaron la vacuna contra la rabia apta para entrar a Estados Unidos y otras vacunas generales. Además, también me esterilizaron, pues Charlay nunca me utilizaría para reproducirme. Aunque hay varias personas que le sugerían no hacerlo, pues tengo ancestros chiribayas y esta raza se desea preservar.
Luego fui llevado a Urcos, a un hotel de perros donde pasaría los próximos meses hasta completar todos los trámites. Principalmente, estos trámites duran meses, pues después de aplicada la vacuna contra la rabia, deben esperar un mes para tomarme el examen de sangre que indique que todos mis niveles están en orden. Luego enviamos estos exámenes para ser revisados en Estados Unidos, y la respuesta de todo esto demora aproximadamente un mes más. Por eso, todos los procesos de adopción demoran como mínimo dos meses si desean viajar a otros países, sobre todo fuera de América Latina.
Así que en abril ya todo estaba listo y aprobado para mí. Cabe aclarar que gran parte del proceso fue asesorado directamente con una agencia especializada en esto, llamada Petwings, cuyos integrantes conocen cada punto y lo hicieron todo muy bien, pues en el aeropuerto me aprobaron súper rápido. Ahora ya por fin estoy viajando a reencontrarme con mi madre, que ha hecho tantos esfuerzos por darme lo mejor desde el principio y cumplir mi sueño de tener un hogar.
Me encantaría que todos los perritos de la calle tuvieran la misma suerte que yo y que podamos mostrarles a los turistas que, en vez de comprar una mascota, podrían rescatar a más perritos y darles una mejor vida. Quiero mostrar que sí es posible hacerlo y que vale la pena. Ya saben, Waikys, les voy a estar mostrando todo sobre mi nueva vida y cómo mi mamá y yo seremos los más felices de ahora en adelante. Un abrazo.
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