Presidenta electa ofreció su primera entrevista oficial al periodista internacional Ismael Cala.
Abordó los costos personales de llegar a la presidencia y marcó distancia del estilo político de su padre.
En un diálogo íntimo y sin precedentes en la política nacional, la mandataria electa Keiko Fujimori rompió el silencio tras su triunfo electoral. En una entrevista exclusiva concedida al periodista Ismael Cala, la futura jefa de Estado expuso las profundas implicancias personales, familiares y afectivas que trae consigo asumir la conducción del país para el periodo gubernamental que se inicia este mes.
La líder de Fuerza Popular se alejó de los discursos técnicos habituales para abordar temas complejos de la esfera privada, tales como el manejo de la intimidad, el sexo y la denominada «soledad del poder», un factor con el que aseguró estar lista para lidiar durante los próximos cinco años de gestión.
Palacio de Gobierno sin pareja
Una de las mayores revelaciones de la entrevista fue la confirmación de que no habrá la figura de un «primer caballero» en el Ejecutivo. Fujimori señaló que afrontará el mandato en estricta soltería, enfocando la totalidad de su tiempo y energía en las responsabilidades del cargo. Manifestó que sus prioridades afectivas están plenamente cubiertas por el respaldo de sus hijas y su entorno familiar más cercano, descartando cualquier búsqueda de pareja sentimental durante su permanencia en el poder.
Al profundizar sobre cómo protegerá su estabilidad emocional frente a las críticas y el aislamiento que genera la alta magistratura, la presidenta electa afirmó que la madurez política adquirida en los últimos años le permitirá tomar decisiones con cabeza fría y sin interferencias personales.
Un liderazgo propio e institucional
El encuentro periodístico también sirvió para trazar una línea de demarcación respecto al legado de su fallecido padre, el expresidente Alberto Fujimori. Al ser consultada sobre las inevitables comparaciones con el régimen de la década de los noventa, la gobernante electa calificó la gestión de su progenitor como «pragmática pero poco institucional».
En contraposición, prometió que su administración se caracterizará por ser un liderazgo «original», democrático y respetuoso de los canales institucionales del Estado. Aseguró que sus metas principales se centrarán en pacificar el país, combatir la criminalidad y reactivar la economía, marcando un estilo propio que busque dejar atrás la polarización política.


