Las energías renovables se han consolidado como un pilar esencial en la generación eléctrica de América Latina y el Caribe, alcanzando una participación queduplica el promedio mundialsegún los datos de la International Energy Agency (IEA). En este escenario, la consolidación de proyectos estratégicos resulta determinante para transformar el potencial natural de la región en resultados tangibles. Ejemplos como los programas de expansión de energía solar que llevan electricidad limpia y estable a comunidades rurales, impulsados por laingenieraJennifer Mejía Lara, o las iniciativas de generación eólica comunitaria desarrolladas por el ingenieroEdward Morales Manchaméen Guatemala, evidencian cómo la planificación, la inversión y la aplicación de tecnología de vanguardia pueden acelerar la transición hacia una matriz energética máslimpia, competitiva y sostenible, con beneficios directos para la economía local, la creación de empleo y la reducción de emisiones.
Las cifras respaldan este avance: en 2024, América Latina y el Caribe alcanzaron un65 % de generación eléctrica a partir de fuentes limpias, y dentro de ese total, la energía solar y eólica representaron alrededor del 17 %, de acuerdo con datos regionales consolidados. Este crecimiento ha sido especialmente relevante en países comoBrasil, que concentra más del 78 % del incremento regional en renovables no hidráulicas, yChile, que ya supera el 22 % de participación solar en su matriz. La tendencia muestra que, cuando existen marcos regulatorios estables, voluntad política y visión empresarial, el potencial de la región se traduce en resultados medibles y sostenibles.
¿Cómo los proyectos institucionales apoyan a las comunidades rurales? El ejemplo de Jennifer Mejía Lara y Juan Fermín Rodríguez
Los proyectos de expansión solar impulsados por figuras comoJennifer Mejía Larao el empresarioJuan Fermín Rodríguezhan tenido un impacto particular en comunidades rurales donde el acceso a la electricidad era limitado o dependía de generadores diésel costosos y contaminantes. Estas iniciativas han permitidoreducir de forma significativa la brecha energética, garantizar un suministro más estable y asequible, y disminuir las emisiones contaminantes.
Además, han generadoempleos locales, impulsado la capacitación técnica y fortalecido la resiliencia de las comunidades frente a interrupciones en el servicio, evidenciando que la energía limpia no solo reduce el impacto ambiental, sino que también mejora las condiciones de vida y abre oportunidades de desarrollo económico.
En el caso de Jennifer Mejía Lara, doctora en Ingeniería Eléctrica y actualmente Senior Project Manager, su trayectoria incluye la dirección de proyectos renovables de gran envergadura en el Perú. Ha liderado la construcción de la planta solar Clemesí, ubicada en Moquegua, que junto con la planta Rubí conformael nodo solar más grande del paísy que recientemente inició operación comercial. También ha participado en la ejecución del proyecto Wayra Extensión, consideradoel parque eólico más grande del territorio peruano. Su experiencia demuestra que el liderazgo femenino en el sector eléctrico puede desempeñar un papel decisivo en la creación de infraestructura energética estratégica.
Juan Fermín Rodríguez, por su parte, ha implementado un modelo empresarial centrado en soluciones solares de prepago, especialmente diseñadas para comunidades rurales de bajos ingresos. Su empresa, Kingo Energy, ha instaladomás de 70 000 sistemas solares domésticosen Guatemala y otros países de la región, beneficiando amás de 350 000 personasque antes carecían de acceso confiable a la electricidad. Este modelo ha reducido el uso de queroseno y generadores diésel,evitando la emisión de miles de toneladas de CO₂ anuales, y ha facilitado el surgimiento de microemprendimientos, la mejora del acceso educativo y la inclusión económica.
El papel clave de las ONG en la transición energética regional
De la misma manera, el impacto de estos avances se amplifica cuando los proyectos cuentan con el respaldo de organizaciones no gubernamentales que trabajan de forma directa con las comunidades. En este sentido, la labor de entidades como la que lideraEdward Morales Manchaméen Guatemala se ha convertido en un ejemplo de cómo las ONG pueden ser catalizadoras de cambio en el sector energético. Mediante un enfoque participativo, estas organizaciones logran adaptar las soluciones tecnológicas a las necesidades reales de cada localidad, garantizando no solo la instalación de infraestructura, sino también la capacitación para su mantenimiento y operación a largo plazo.
Modelos similares se observan en iniciativas comoRevolusolar, en Brasil, que impulsa proyectos de energía solar en comunidades de bajos ingresos, combinando la generación eléctrica limpia con programas de educación ambiental y formación profesional. Este tipo de trabajo fortalece la autonomía energética y abre nuevas oportunidades económicas para sus beneficiarios. Según datos de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE),más de 120 ONG en la regióndesarrollan actualmente programas de electrificación rural, beneficiando a1,5 millones de personascon soluciones renovables.
Asimismo, las ONG actúan como puente entre la inversión privada, los gobiernos y la población, facilitando procesos de diálogo que reducen la resistencia social a los proyectos y fomentan una transición energética más inclusiva. La experiencia demuestra que, cuando las políticas públicas se articulan con el compromiso local y el acompañamiento técnico de organizaciones con presencia territorial, el impacto trasciende lo ambiental paraconsolidar beneficios económicos, educativos y sociales duraderos.
Proyecciones hacia 2050: liderazgo renovable con sello latinoamericano
Las proyecciones para las próximas décadas confirman que América Latina y el Caribe están en condiciones de convertirse enuno de los polos energéticos más limpios y competitivos del mundo. Según estimaciones de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la capacidad solar y eólica de la región podríacuadruplicarse para 2035, alcanzando más de 600 GW instalados si se mantiene el ritmo de inversión y se optimizan las redes de transmisión. Este crecimiento, de concretarse, permitiría que el90 % de la electricidad de la región provenga de fuentes renovables antes de 2050.
La aceleración de este proceso no solo dependerá de los grandes proyectos industriales, sino también de iniciativas descentralizadas como las que impulsanJennifer Mejía LarayEdward Morales Manchamé, orientadas a ampliar la cobertura y fortalecer la autonomía energética en comunidades alejadas de los centros urbanos. Su papel será clave para asegurar que la transición energética no se concentre únicamente en zonas de alta demanda, sino que llegue de forma equitativa a todo el territorio.







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