La ofensiva nocturna golpeó infraestructuras civiles en diez regiones del país y provocó la destrucción de decenas de viviendas.
Las fuerzas militares de la Federación Rusa perpetraron uno de los mayores bombardeos combinados de la guerra al lanzar un contingente de más de 70 misiles —en su mayoría balísticos— y unos 280 drones de ataque nocturnos contra múltiples ciudades ucranianas. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que el impacto de la ofensiva ha dejado un balance preliminar de al menos ocho civiles muertos y más de 50 heridos, además de severos daños estructurales en áreas residenciales e instalaciones energéticas clave a lo largo de diez regiones del país.
El ataque, que ya había sido advertido horas antes por la inteligencia de Kiev, afectó con especial crudeza a la capital, Kiev, y a la ciudad de Leópolis. Sin embargo, la mayor tragedia civil se registró en los alrededores de Krivi Rig —la ciudad natal de Zelenski—, donde un misil balístico Iskander-M impactó de forma directa contra una vivienda familiar numerosa, cobrándose la vida de civiles, entre ellos tres menores de edad de 6, 11 y 17 años. Las defensas aéreas locales consiguieron interceptar la gran mayoría de los vehículos no tripulados (más de 260 drones de los 280 enviados), pero colapsaron ante la oleada de proyectiles balísticos avanzados.
Reclamación internacional y tensiones con la OTAN
Tras la devastación, el presidente Zelenski emitió un enérgico mensaje denunciando que las bajas civiles son consecuencia directa del retraso en la ayuda militar internacional. «La asistencia a destiempo y las demoras en el suministro de misiles antibalísticos llevan a este tipo de destrucción», enfatizó el mandatario ucraniano, quien reiteró la urgencia de recibir más baterías Patriot de interceptación. Como contrapeso defensivo, la Comisión Europea anunció de inmediato el desembolso de 3,470 millones de euros destinados a blindar el espacio aéreo, misiles y cazas ucranianos.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia justificó el despliegue bélico asegurando que los objetivos estaban dirigidos estrictamente hacia bases aéreas, fábricas de componentes de misiles y nudos logísticos de telecomunicaciones militares. No obstante, el alcance de la ofensiva aérea traspasó las fronteras de la guerra: un misil de crucero ruso Kh-101 violó el espacio aéreo de la OTAN e impactó en una zona rural de Polonia. Aunque el incidente no dejó heridos, provocó el despliegue urgente de aviones de combate aliados y la movilización inmediata del primer ministro polaco, Donald Tusk, encendiendo las alarmas por una potencial escalada del conflicto en Europa del Este.


