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Una vez scout, siempre scout: una gala que unió historia, música y hermandad en la Catedral del Cusco

Anoche, en la penumbra iluminada de la Basílica de la Catedral del Cusco, el eco de una frase tan conocida como sentida volvió a tomar vida: “Una vez scout, siempre scout.”
Y lo hizo en la batuta de alguien que la lleva grabada desde su juventud: Theo Tupayachi, director de la Orquesta Sinfónica del Cusco y antiguo miembro del Grupo Scout 301.

El 14 de noviembre, en el marco de la Semana Scout, la Catedral se convirtió en un escenario donde la música, la memoria y la identidad se entrelazaron. Antes de que sonara la primera nota, ya se sentía una emoción particular entre quienes llenaban las naves del templo: no era un concierto más, sino un encuentro entre generaciones de scouts que celebran 64 años de historia en Cusco, dónde participaron los grupos: 59, 81, 121, 301, 387 y 452.

Una noche donde la música narró una tradición

Desde sus primeros acordes, la Orquesta Sinfónica del Cusco —fundada y dirigida por Tupayachi desde 2009— envolvió el recinto con un repertorio dedicado a dos referentes esenciales del escultismo mundial:
Robert Baden-Powell, el padre de este movimiento, y San Jorge, su santo patrono.

El programa, cuidadosamente escogido, estuvo compuesto casi en su totalidad por obras de compositores ingleses, como un hilo invisible que conectaba al Cusco con los orígenes del escultismo. Cada pieza resonaba entre los arcos de piedra como una historia que viajaba desde 1907 hasta nuestros días.

Theo Tupayachi: el scout que llegó a ser maestro

A mitad del concierto se volvía inevitable mirar al podio.
Ahí estaba Theo: firme, concentrado, expresivo.
Pero para muchos de los presentes, también estaba el joven scout que alguna vez compartió campamentos, marchas, fogatas y aprendizajes en el Grupo 301.

Hoy, ese mismo espíritu lo acompaña en otro tipo de travesía.

Tupayachi, artista cusqueño y egresado del Conservatorio Nacional de Música del Perú, ha construido una carrera destacada como músico, docente, investigador, compositor y director. Su trayectoria lo ha llevado a recibir reconocimientos, becas y premios tanto en el Perú como en el extranjero.
Y desde 2009, su batuta ha dado vida a más de 600 conciertos con la Orquesta Sinfónica del Cusco.

Anoche, su mirada brillaba distinto. Dirigía con técnica, sí, pero también con un orgullo íntimo: el de volver a su hermandad scout desde el escenario.

Un movimiento que ha marcado generaciones

Mientras la música fluía, era imposible no recordar cómo empezó todo.
El Movimiento Scout en Cusco nació en 1961, impulsado por el Rvdo. Padre Jesuita Juan de Dios Vicente, quien fundó el primer grupo en la ciudad y realizó sus reuniones en la parroquia del Triunfo.

Con los años, figuras como el Profesor Wigberto Polo y el Rvdo. Padre Franciscano Abel Pacheco dieron continuidad a este legado, formando los históricos Grupos 47 y 121.
Hoy, más de seis décadas después, el escultismo sigue vivo con numerosos grupos activos en toda la región.

Un final que quedará en la memoria

El cierre fue pura emoción: la Catedral entera entonando la tradicional Canción de la Despedida, esa melodía que los scouts del mundo han cantado por generaciones.
La voz colectiva se mezcló con los últimos acordes, formando un momento íntimo, profundo, casi ritual.

Cuando la música se apagó, llegó la ovación.
Una ovación larga, cálida, que no solo celebró la potencia de la Orquesta, sino la historia de un movimiento y la presencia de un viejo scout convertido en maestro.

Anoche, en la Catedral del Cusco, no solo hubo un concierto.
Hubo memoria, pertenencia y hermandad.

Y la certeza renovada de que, efectivamente, una vez scout… siempre scout.

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