Juntos por el Perú afirma que recaudación vía yape corresponde a «aportes ordinarios» y no a gastos de campaña

Portada / Editorial

El reto de no morir de éxito entre el oro del turismo y la fragilidad de nuestra tierra

Nuestra mítica Ciudad Imperial asiste hoy a una de las paradojas más complejas de su historia contemporánea. Por un lado, la Cámara de Comercio del Cusco proyecta con entusiasmo la llegada de hasta 50 mil visitantes de cara a la histórica visita del papa León XIV en noviembre, un bálsamo económico indispensable. Por el otro, la realidad de nuestra infraestructura turística y la naturaleza nos devuelven un golpe de realidad fulminante. Las recientes avalanchas en el nevado Humantay provocadas por réplicas sísmicas, el cierre preventivo de tramos en el Camino Inca por deslizamientos, y los persistentes conflictos por el transporte en Machu Picchu evidencian que el Cusco actual no puede seguir sosteniéndose bajo el viejo modelo de la improvisación.

No se trata simplemente de contabilizar cuántos turistas bajan de los aviones o de los trenes panorámicos. El verdadero periodismo y la ciudadanía responsable nos exigen plantear la pregunta incómoda: ¿Está preparado el Cusco para crecer sin autodestruirse? Mientras la Municipalidad Provincial de Urubamba y las autoridades locales se enredan en disputas de licitaciones de transporte y paros locales, la gallina de los huevos de oro —nuestra Joya Inca— sufre las consecuencias de una gestión fragmentada y poco previsora. El colapso del Camino Inca debido a factores climáticos y la inestabilidad de nuestras rutas turísticas demuestran que la fragilidad de la región no es un mito; es una vulnerabilidad estructural desatendida.

Para un periódico de la trascendencia del Cusco, el análisis debe ir más allá de la anécdota. Vivimos en una región que percibe millones en canon de hidrocarburos —liderando las transferencias nacionales este año con más de 970 millones de soles—, pero que paradójicamente arrastra deficiencias de agua potable en pleno corazón de Machu Picchu cada vez que los ríos crecen. El contraste es moral y administrativamente inaceptable. ¿Dónde se diluye la riqueza de Camisea si nuestras principales arterias comerciales y turísticas siguen colgando de un hilo ante el primer asomo del cambio climático o el fenómeno de El Niño?

La respuesta de nuestras autoridades no puede seguir siendo el silencio administrativo o las promesas de campaña de cara a los próximos comicios. Con el encuentro empresarial CADE Ejecutivos 2026 tocando nuestras puertas en la región, el Cusco tiene la oportunidad única de plantear un «nuevo comienzo». Urge un plan técnico de contingencia y modernización de rutas alternativas, una fiscalización implacable a las concesiones de transporte y, sobre todo, una visión integradora que entienda que un destino no puede ser de primer mundo para el extranjero si sigue siendo precario para el cusqueño que lo habita. El tiempo corre, los glaciares nos advierten con su rugido en las alturas, y la historia no perdonará a quienes, teniendo los recursos, prefirieron mirar hacia otro lado.

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