La confirmación de Cusco como sede estratégica para el foro internacional nos coloca, una vez más, ante los ojos del mundo. Sin embargo, detrás del entusiasmo oficialista y la retórica del desarrollo, la realidad nos obliga a hacernos una pregunta incómoda: ¿Están nuestras autoridades locales y regionales verdaderamente a la altura de un desafío de esta magnitud? La respuesta, si evaluamos el panorama actual de nuestra infraestructura y servicios, se inclina peligrosamente hacia la incertidumbre.
Ser el escaparate de las economías más poderosas del planeta no es un cheque en blanco; es un examen riguroso que amenaza con exponer públicamente las profundas deficiencias de gestión que arrastra la región. Mientras los discursos prometen una reactivación económica sin precedentes, el ciudadano de a pie lidia diariamente con un transporte caótico, calles principales sumidas en obras interminables y una alarmante falta de planificación urbana en el Centro Histórico y los distritos periféricos. Pretender recibir a las delegaciones globales con esta alarmante fragilidad operativa roza la irresponsabilidad política.
El verdadero peligro de la APEC 2026 en suelo cusqueño no es la falta de interés internacional, sino la improvisación endémica de nuestras instituciones. El Gobierno Regional y las municipalidades provinciales parecen más enfocados en la fotografía protocolar y el rédito político inmediato que en articular un plan técnico real. Un evento de este calibre exige proyectos de conectividad vial serios, seguridad ciudadana tecnificada y servicios públicos eficientes, no parches de última hora ni maquillajes urbanos que se desvanecerán en cuanto los diplomáticos aborden sus vuelos de regreso.
Cusco no puede seguir siendo administrado bajo la lógica de la reacción ante la crisis. La ciudadanía, cansada de promesas incumplidas y presupuestos que se diluyen en burocracia, exige que esta cumbre sirva para auditar las capacidades de nuestros gobernantes y forzar un cambio de timón. Si nuestras autoridades persisten en la inercia y la falta de liderazgo, la APEC 2026 no dejará un legado de desarrollo para el artesano, el comerciante o el transportista; por el contrario, pasará a la historia como otra gran oportunidad desperdiciada que solo sirvió para evidenciar el divorcio entre el potencial de nuestra tierra y la incompetencia de quienes la dirigen.






Comentarios
Inicia sesión con Google para comentar.
Sé la primera persona en comentar.