La noche del domingo 20 de septiembre de 2026 nos recordó, con tres sacudidas sucesivas en menos de cuatro horas, que la pasividad no es una opción en los Andes. Con epicentros localizados apenas a unos kilómetros al este de nuestra histórica urbe, en el distrito de San Jerónimo, estos sismos de magnitudes 4.0 y 3.4 reactivaron temores profundos bajo nuestras tejas coloniales y muros incas. Aunque afortunadamente no se registraron pérdidas humanas ni daños materiales de gravedad, el crujido de la tierra debe ser interpretado como un llamado de atención urgente e insoslayable para las autoridades provinciales y para cada uno de los ciudadanos que habitamos la Capital Histórica del Perú.
No podemos seguir confiando el destino de nuestro vasto patrimonio arquitectónico y la seguridad de nuestras familias a la simple «buena fortuna». Cusco no solo convive con fallas tectónicas activas y un constante reacomodo geológico; también enfrenta desafíos críticos de infraestructura. El crecimiento urbano desordenado en las zonas periféricas y la vulnerabilidad de las casonas del Centro Histórico nos obligan a transitar de una respuesta meramente reactiva ante las emergencias hacia una verdadera cultura preventiva. La prevención no se agota en participar de forma rutinaria en los simulacros nacionales; exige una fiscalización técnica rigurosa de las construcciones modernas y un plan integral de reforzamiento para el legado edificado que nos rodea.
A nivel doméstico, la tarea es inmediata y compartida. ¿Cuántas familias cusqueñas cuentan hoy con una mochila de emergencia debidamente equipada? ¿Cuántas instituciones educativas y centros laborales tienen rutas de evacuación despejadas y zonas seguras correctamente señalizadas? Los sismos de las últimas horas deben ser el impulso definitivo para revisar nuestros protocolos en el hogar, la escuela y la oficina. La resiliencia de una ciudad milenaria como el Cusco no se mide únicamente por la solidez de los muros que heredamos de nuestros antepasados, sino por la capacidad y la preparación de su gente para proteger la vida frente a los inevitables embates de la naturaleza. Reaccionemos hoy, antes de que el subsuelo vuelva a hablarnos con mayor fuerza.






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