La falta de mantenimiento del patrimonio arqueológico cusqueño vuelve a evidenciar la desidia del Ministerio de Cultura.
La Contraloría advirtió que las bases de las estructuras presentan asentamientos y agentes contaminantes que deterioran los muros, una situación que podría derivar en colapsos y daños irreversibles en construcciones milenarias
Una reciente intervención multisectorial en la colina del Intihuatana, también conocida como el reloj solar de la ciudadela de Machu Picchu, volvió a dejar en evidencia las graves falencias en la gestión del patrimonio cultural por parte del Ministerio de Cultura y, en particular, de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) del Cusco. La Contraloría General de la República (CGR) emitió una alerta tras constatar serios riesgos estructurales derivados de la falta de mantenimiento adecuado en uno de los espacios más emblemáticos del país.
Según el informe de la entidad de control, los daños comprometen directamente la base de los muros del Intihuatana, donde se ha detectado un asentamiento considerable del terreno bajo los cimientos de la construcción inca. A ello se suma la proliferación de agentes biológicos, como líquenes, que afectan aproximadamente al 80 % de las rocas que conforman la estructura, degradándolas progresivamente con el paso del tiempo. Este panorama refleja no solo abandono técnico, sino una alarmante ausencia de acciones preventivas eficaces.
La situación también ha impactado los andenes orientales del Intihuatana, cuya estabilidad depende actualmente de una precaria contención con troncos de árboles. Esta solución improvisada, lejos de responder a criterios técnicos adecuados, explica en parte que la zona haya sido inhabilitada desde el año 2024. Para la Contraloría, estas condiciones incrementan el riesgo de un colapso que podría generar daños irreversibles en la ciudadela y poner en peligro tanto la imagen internacional de Machu Picchu como la seguridad de los visitantes.
El caso vuelve a colocar bajo cuestionamiento a la DDC Cusco, una dependencia que en los últimos años se ha hecho más conocida por sus reiterados despropósitos administrativos y denuncias por presuntos actos de corrupción, que por una gestión responsable del patrimonio cultural. La falta de planificación, el desinterés sostenido y la limitada capacidad de respuesta parecen haberse convertido en constantes dentro de un portafolio que debería ser ejemplo de eficiencia y compromiso.
En este contexto, Luis Castillo Torrealva, gerente político, institucional y económico de la Contraloría, informó que el Ministerio de Cultura y la Dirección Desconcentrada de Cultura tendrían previsto autorizar un proyecto de inversión arqueológica orientado a ejecutar labores de control preventivo. Estas acciones se desarrollarían en coordinación con la CGR, no solo en el Intihuatana, sino también en la fortaleza de Sacsayhuamán y otros sitios arqueológicos del Cusco que presentan riesgos similares.
“Tenemos conocimiento que está en evaluación un proyecto de inversión para una intervención arqueológica de Machu Picchu. (…) Para nosotros la ciudadela inca, así como la fortaleza de Sacsayhuamán y otros sitios arqueológicos de Cusco son de suma importancia por lo que significa para el turismo nacional y mundial”, señaló Castillo.
No obstante, la Contraloría también advirtió que, pese a que desde 2014 se ejecutan trabajos de mantenimiento en la zona, solo se ha logrado controlar en un 20 % la contaminación por níqueles en las rocas. Esta cifra confirma la ineficiencia de las intervenciones realizadas y refuerza la urgencia de adoptar medidas reales, sostenidas y técnicamente sólidas para garantizar la conservación de la maravilla más representativa del Perú.







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