En los primeros días de agosto, una antigua tradición invita a mirar el cielo con atención. Cada jornada representa un mes del año y, en Cusco, las cabañuelas siguen siendo una forma curiosa y entrañable de conversar sobre el clima que vendrá.
Agosto acaba de empezar y en Cusco hay quienes, además de mirar el calendario, levantan la mirada al cielo. ¿Sol, lluvia, frío, nubes? Para la tradición de las cabañuelas, cada uno de los primeros días de este mes tiene algo que contar sobre el clima de los meses que vienen.
No se trata de un pronóstico meteorológico ni de una predicción científica. Es una costumbre transmitida de generación en generación, una de esas formas antiguas de observar la naturaleza y tratar de encontrar en ella señales sobre lo que traerá el año.
La cuenta comienza el 1 de agosto, que representa al propio mes de agosto. El 2 de agosto corresponde a septiembre, el 3 a octubre, el 4 a noviembre y así sucesivamente. De esta manera, los primeros doce días de agosto representan, en orden, los doce meses del año.

Y aquí viene lo bonito: hoy, 9 de agosto, según esta tradición estamos observando cómo sería abril.
Y vaya que el cielo cusqueño quiso participar en la historia.
Mientras avanzaba el día, la lluvia apareció en el pueblo. Gotas que caen sobre las calles, los tejados y las montañas, justo en una jornada que, según la tradición de las cabañuelas, corresponde a abril.
¿Será entonces que abril tendrá lluvia?
Para las cabañuelas, esa es precisamente la curiosidad. Quienes conservan esta costumbre observan el comportamiento del tiempo durante estos primeros días de agosto y luego lo relacionan con los meses que representan. Si un día amanece soleado, se registra el sol; si llueve, se recuerda la lluvia; si el cielo se cubre de nubes, también queda como parte de la observación.
En Cusco, donde el clima puede cambiar en cuestión de horas y las lluvias forman parte de la vida cotidiana, mirar el cielo siempre ha sido una manera de entender el entorno.
La tradición no nació únicamente en nuestra tierra y existen distintas formas de practicar las cabañuelas en otros lugares. Pero en los Andes y particularmente en comunidades donde la agricultura dependió durante generaciones de conocer los ciclos de las lluvias y las temporadas secas, observar la naturaleza tuvo —y sigue teniendo— un significado especial.
Por eso, más allá de preguntarnos si las cabañuelas realmente pueden anticipar el clima, quizá lo más interesante sea recordar por qué nuestros antepasados miraban tanto al cielo.
Antes de las aplicaciones meteorológicas y los pronósticos en el celular, estaban las nubes, el viento, las montañas, los animales, las plantas y la experiencia de quienes habían aprendido a reconocer las señales de su entorno.
Así que hoy, 9 de agosto, podemos pensar un poco con la tradición.
Es abril, según las cabañuelas.
Y en Cusco está lloviendo.
Tal vez sea solo una coincidencia. Tal vez abril nos tenga preparada otra historia. Pero por ahora, la tradición nos regala una pequeña excusa para detenernos, mirar por la ventana y preguntarnos qué estará diciendo el cielo.
Porque en Cusco, hasta la lluvia puede convertirse en una historia que se cuenta.




