La diversificación de la oferta, el control de costos frente a plagas y la inversión en infraestructura de riego se posicionan como ejes clave para la sostenibilidad financiera del sector agrícola.
El dinamismo económico del centro poblado de Huayanay, en el distrito de Santa Ana, encuentra su motor en la producción agrícola familiar. Yanet Salas Sarmiento, productora del sector de Empalizada Grande, impulsa el cultivo de raíces tuberosas con asistencia técnica de la Municipalidad Provincial, trabajo en el que genera empleo local temporal al contratar hasta seis personas según la demanda del ciclo productivo. «Para comercializar mi producto, lo llevo al mercado y a la feria de los jueves en el mercado Micaela Bastidas de la Granja», destacó Salas.
La productora proyecta la industrialización de sus cosechas y elevar los márgenes de ganancia. «Me gustaría transformar mis productos en chifles; también podría ofrecerlos sancochados para acompañar la comida en lugar de las papas», afirmó. Esta propuesta de valor agregado busca no solo ingresar a nuevos nichos de mercado, sino garantizar la autosostenibilidad del negocio tras la conclusión de la asistencia estatal.
Sin embargo, la rentabilidad del sector enfrenta desafíos operativos, como las pérdidas causadas por plagas de roedores en sus parcelas. Por ello, Salas optó por implementar infraestructura propia de protección: «He comprado mallas de metal y he puesto cerco en toda el área para poder espantar a los roedores». Añadió que la continuidad del crecimiento agrícola depende de la gestión de recursos estratégicos: «Yo pediría al próximo alcalde que entre, que no se olviden de los agricultores, que más que todo el riego es importante».


