Un grupo de investigadores detectó un masivo cuerpo gaseoso que orbita una enana marrón a 73 años luz de la Tierra.
En lo que se considera una nueva era para la exploración del cosmos, la comunidad científica internacional confirmó el descubrimiento del primer posible satélite natural o «exoluna» ubicado fuera del Sistema Solar. El hito espacial, divulgado de forma oficial este miércoles en un artículo de la revista científica Nature, quiebra una racha de más de 40 años de búsquedas infructuosas en el espacio profundo.
A diferencia de los más de 6,000 exoplanetas catalogados hasta la fecha, nunca se había logrado consolidar la prueba técnica de un satélite natural extrasolar.
Un sistema exótico y desafiante
El exosatélite se localiza en el sistema bautizado como CD-35 2722, situado a una distancia aproximada de 73 años luz de la Tierra. Sin embargo, la arquitectura de este nuevo mundo ha desconcertado por completo los parámetros de la astronomía moderna:
- El satélite: Se trata de un gigantesco cuerpo de características gaseosas que posee una masa equivalente a la del planeta Júpiter.
- El objeto principal: No orbita un planeta común, sino una enana marrón (también conocida como «estrella fallida»), la cual a su vez gira en torno a una estrella central que posee la mitad de la masa de nuestro Sol.
- La órbita: Los análisis determinaron que el satélite completa una órbita entera alrededor de su cuerpo subestelar cada 170 días.
Liderazgo sudamericano y tecnología de punta
La investigación estuvo bajo la dirección de la astrofísica italiana Alice Zurlo, académica de la Universidad Diego Portales y directora de la iniciativa Núcleo Milenio YEMS en Chile.
La histórica detección fue viable gracias al instrumento de alta resolución CRIRES+, montado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO) en el desierto de Atacama. El equipo científico empleó de manera innovadora el método de «velocidad radial» —que mide los leves balanceos gravitacionales que el satélite provoca en la enana marrón— para confirmar su firma espacial.
Este hallazgo no solo demuestra que las lunas abundan en los rincones más exóticos del universo, sino que obliga a los científicos globales a replantearse la definición misma de qué es una luna y cómo evolucionan los sistemas planetarios lejanos.


