La cancha deportiva de Ccachona, recientemente inaugurada, hoy luce convertida en una piscina olímpica
En Santiago, la famosa “alta ingeniería” del alcalde Sergio Sullca volvió a demostrar su verdadera especialidad: hacer obras que no resisten ni la primera lluvia. La cancha deportiva de Ccachona, recientemente inaugurada con discursos, fotos y promesas, hoy luce convertida en una piscina olímpica municipal, cortesía de la temporada de lluvias.
Bastaron unos cuantos aguaceros para que el césped sintético desaparezca bajo el agua y el fútbol quede oficialmente suspendido. Según vecinos indignados, practicar deporte es imposible porque el agua se empoza sin control. Algunos, con más humor que paciencia, ya dicen que la obra está mejor equipada para criar patos.
La imagen es clara y no necesita mayor explicación: una cancha nueva completamente inundada. La pregunta también es inevitable: ¿esta es la “alta ingeniería” que presume el autodenominado alcalde de los cerros? ¿O se trata de otra obra apurada, mal ejecutada y pensada más para la foto que para la gente?
Mientras estas deficiencias salen a flote literalmente, el alcalde parece más ocupado en parrilladas pro-campaña que en corregir fallas básicas. La piscina municipal inaugurada hace pocos meses hoy permanece cerrada por “problemas técnicos”, varias obras presentan observaciones serias, la basura sigue acumulándose y la inseguridad campea en el distrito. T
odo esto ocurre bajo el eslogan oficial “MunayLlaqtanchis”, que en quechua significa “ciudad bonita”. Una frase bonita, sin duda, pero que en la práctica se ahoga con la lluvia. En Santiago, la ciudad bonita vive en el lema; la realidad, en los charcos.







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