Cada año ocurre lo mismo: proyectos que quedan a medias, símbolos de promesas inconclusas. Ese puente sin terminar.
Esa carretera abandonada. Ese hospital que sigue esperando abrir sus puertas Las cifras son contundentes. Hasta diciembre de 2025, se registraban 2,416 obras públicas paralizadas en el país, representando un presupuesto inmovilizado de más de S/ 67 mil millones (Contraloría General, 2026). Y esto no es un fenómeno reciente. En 2022, la cifra era de 1,879 obras paralizadas. Hoy, ha aumentado en casi un 30%.
El problema tampoco surge al azar ni se distribuye uniformemente. Cusco, Puno, Áncash y Lima acaparan más del 40% de estas obras inconclusas, con un costo acumulado de S/ 29.9 mil millones (Contraloría General, 2026).
Particularmente, Cusco y Puno se consolidan invariablemente en los dos primeros lugares año tras año. ¿Y por qué se detienen estas obras? Las principales causas incluyen incumplimientos contractuales (26.2%), falta de recursos (22.9%) y deficiencias en los expedientes técnicos (9.1%). Todo esto apunta, sin embargo, a un problema más profundo: la limitada capacidad de gestión.
Según el informe de la Contraloría, 7 de cada 10 obras paralizadas dependen de las municipalidades, y casi el 90% requieren algún tipo de asistencia técnica (INEI, 2025). Cuando la gestión es insuficiente, el progreso se detiene. Y cuando las obras no avanzan, los servicios no llegan a quienes más los necesitan. No se trata solo de cuánto invertimos, sino de qué tan eficientemente gestionamos esos recursos. En tu ciudad, ¿qué proyecto lleva años esperando a ser terminado?







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