El miércoles de esta semana, en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, se llevará a cabo la primera sustentación de tesis de la Escuela Profesional de Filosofía desde su reapertura en 2017. Para quien no conoce la historia de esa escuela, la noticia puede pasar desapercibida. Para quienes la conocemos desde adentro, representa el cierre de un ciclo que duró más de medio siglo.
Por: Joseth Samir Montesinos Báez Estudiante de Filosofía de la San Antonio[1]
El miércoles de esta semana, en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, se llevará a cabo la primera sustentación de tesis de la Escuela Profesional de Filosofía desde su reapertura en 2017. Para quien no conoce la historia de esa escuela, la noticia puede pasar desapercibida. Para quienes la conocemos desde adentro, representa el cierre de un ciclo que duró más de medio siglo.
La Escuela de Filosofía de la San Antonio fue clausurada en 1969, en la reforma educativa impulsada por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, este suceso fue una decisión política que interrumpió abruptamente una tradición de formación filosófica que la universidad había construido durante décadas. Lo que vino después fue un largo silencio.
La reapertura llegó en 2017, casi cincuenta años después del cierre de 1969 y nueve años después de esa reapertura. Y ahora Víctor Cartagena Riquelme se convierte en el primer licenciado en Filosofía de la San Antonio tras el largo período de clausura. Su tesis, titulada Análisis y propuesta de la categoría indio en el pensamiento de Gamaliel Churata: un estudio desde la ontología política, no es un trabajo menor ni circunstancial. Gamaliel Churata (seudónimo de Arturo Pablo Peralta Miranda, escritor y figura central del indigenismo andino del siglo XX) es uno de los pensadores más complejos y menos estudiados del sur peruano. Su obra plantea preguntas que siguen sin respuesta satisfactoria: ¿qué significa pensar desde los Andes? ¿Qué lugar ocupa la categoría de «indio» (no como insulto ni como romanticismo, sino como categoría filosófica) en la comprensión de nuestra realidad política y cultural? Cartagena aborda esas preguntas desde la ontología política, es decir, desde la pregunta por las condiciones en que ciertos sujetos son reconocidos (o no reconocidos) como existentes plenos dentro del orden político.
Que la primera tesis de filosofía tras la reapertura de la escuela se ocupe de Churata no es un dato anecdótico. Es una declaración (aunque probablemente involuntaria) sobre desde dónde quiere pensar esta generación de filósofos cusqueños: no desde la reproducción de tradiciones ajenas, sino desde los problemas que esta tierra, esta historia y esta realidad social plantean con urgencia propia.
Cabe decirlo con claridad: esto no es sólo un logro de Víctor Cartagena. Es el logro de una escuela que sobrevivió a su propio cierre, que se rehízo con los medios que tenía y que, nueve años después de su reapertura, puede mostrar su primera tesis de licenciatura. Es también el resultado del trabajo de docentes que apostaron por una escuela que en sus primeros años no tenía garantizado ni siquiera su propio cuerpo docente especializado. Y es, sobre todo, la señal de que en el Cusco se vuelve a producir filosofía con voz propia, con problemas propios y con la ambición intelectual que eso exige.
La filosofía no es un lujo académico ni un ornamento cultural. Es la práctica de hacerse las preguntas que otros evitan: sobre el poder, sobre el conocimiento, sobre quiénes somos y bajo qué condiciones llegamos a ser lo que somos. Que esa práctica vuelva a tener lugar en el Cusco, de manera institucional y con el rigor que una tesis exige, es una buena noticia. No solo para la universidad sino que también para la ciudad imperial del Cusco.
[1] Joseth Samir Montesinos Báez es estudiante de la Escuela Profesional de Filosofía de la UNSAAC, miembro del comité editorial de la revista Kamay e impulsor del Boletín de Estudiantes de Filosofía del Cusco (BEFIC).







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