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El veredicto de las urnas y el peso de una nueva responsabilidad histórica

Las Elecciones Regionales y Municipales han redibujado el mapa político de nuestra región, entregando un mandato claro pero fragmentado que desafía la madurez democrática del Cusco. El procesamiento de las actas de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirma una tendencia irreversible: un electorado que sabe diferenciar sus prioridades, otorgándole el voto de confianza regional a una propuesta de izquierda y, simultáneamente, dividiendo el timón de la capital provincial hacia un signo político distinto.

A nivel del Gobierno Regional, Verónika Mendoza y la Alianza Electoral Venceremos consolidan su posición como virtuales ganadores en primera vuelta al superar el umbral legal del 30 % de los votos válidos. El conteo oficial sitúa a la coalición con el 31.05 %, por encima de Iván Aparicio del Partido Político PRIN (16.43 %) y Héctor Acurio de Ahora Nación (15.39 %).

Esta victoria en primera instancia evita el desgaste de una segunda vuelta y otorga a Mendoza una legitimidad de origen inmediata. Sin embargo, el entusiasmo de los mítines debe transmutar rápidamente en realismo técnico. Los planes expuestos para la reorganización del primer nivel de salud, el combate a la desnutrición infantil y la urgencia de ejecutar infraestructura de riego y proyectos de siembra y cosecha de agua frente a las sequías ya no son promesas de campaña; hoy representan obligaciones contractuales con el pueblo cusqueño.

Por otro lado, la Municipalidad Provincial del Cusco ofrece una lectura diametralmente opuesta que la futura gobernadora no puede ignorar. Allí, el Partido Político PRIN lidera el escrutinio oficial con el 24.90 % de las preferencias, seguido por Perú Primero con el 19.26 % y dejando a la alianza Venceremos relegada a un lejano tercer lugar con el 13.99 %.

Este cruce de voluntades políticas en el «ombligo del mundo» obliga a ambas autoridades a firmar un pacto de gobernabilidad implícito. La histórica falta de articulación entre la sede de la Avenida de la Cultura y el palacio municipal de la Plaza Regocijo ha sido, tradicionalmente, el mayor lastre para el desarrollo de la provincia. Cusco no resistirá cuatro años más de boicots mutuos ni de celos partidarios. La seguridad ciudadana, el caótico transporte urbano y la urgente gestión de residuos sólidos exigen una coordinación técnica impecable, libre de taras ideológicas.

Las urnas ya hablaron y la fiesta democrática ha concluido. A partir de este momento, nos toca a los ciudadanos y a la prensa regional asumir un rol vigilante y estrictamente fiscalizador. La confianza otorgada no es un cheque en blanco; es la entrega de una inmensa responsabilidad para administrar los recursos del canon con honestidad, transparencia y, sobre todo, con la eficiencia que el pueblo del Cusco legítimamente reclama.

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