Alan Ever Mamani Mamani: “La relación cultural entre Perú y Bolivia es indisoluble y tiene los puentes perfectos para seguir fortaleciéndose”

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Alan Ever Mamani Mamani: “La relación cultural entre Perú y Bolivia es indisoluble y tiene los puentes perfectos para seguir fortaleciéndose”

Rimanakunanchiskamaña Vol. 1

Alan Ever Mamani Mamani: “La relación cultural entre Perú y Bolivia es indisoluble y tiene los puentes perfectos para seguir fortaleciéndose”

Jorge Alejandro Ccoyllurpuma

El panorama literario peruano se viste de gala con la aparición de Tuku / Búho, del poeta y académico puneño Alan Ever Mamani Mamani, un poderoso y conciso poemario originalmente escrito en aimara y traducido al español por el autor y César Machaca Escobar. El libro abre a sus lectores las puertas secretas de una cosmogonía milenaria gracias a Mano Falsa Editores.

Nos enfrentamos a un libro poco común en muchos sentidos. De entrada, descubriremos un estilo rotundo que nos hace recordar al haiku japonés, donde se reflexiona sobre los más profundos misterios de la existencia a través de la contemplación de nuestra Pachamama.

En Tuku / Búho, las plantas y animales son sabias entidades capaces de entregarnos información valiosa sobre el presente, el pasado y el futuro. Y es que si uno no sabe leer las señaléticas que dejan los pájaros o el viento, llega la enfermedad y el desequilibrio. Es así que este poderoso libro se abre como una istalla cósmica y nos revela sin reparos ni mediocridades valiosos secretos milenarios.

La lectura de este libro será una experiencia placentera y enriquecedora, y quiero recomendarlo especialmente a quienes sepan el idioma quechua. En los versos de Alan Ever podremos reconocer todo lo que une a estas dos culturas. Aimara y quechua comparten no solo algunas palabras, sino también la manera de pirqar a través de raíces y sufijos. Además confirmaremos que existe una manera de relacionarnos con la realidad que nos une más allá de las fronteras y que se expresa en todo aquello que es imposible de entender para el hombre occidentalizado de las grandes ciudades.

En esta conversación conoceremos más del mundo interior de Alan Ever, de su profunda relación con el territorio latinoamericano, del estado actual de las lenguas originarias dentro de la literatura peruana contemporánea y de la cultura como un fenómeno vivo que se resiste a las lógicas de contención y de fronteras nacionales.

  1. ¿Qué hay detrás de la forma breve y contundente que elegiste para tus poemas?

Pienso que detrás de la brevedad y contundencia de mis poemas está, principalmente, la oralidad que forma parte de mi memoria. Es una oralidad que heredé de mis padres, de mi bisabuela y de mi comunidad, y que se fue arraigando en mí desde muy temprano a través de la escucha de cantos, cuentos breves y otras expresiones de la tradición oral aimara. Creo que esa manera de escuchar, interiorizar y conservar la palabra en la memoria también ha influido en mi forma de escribir: decir mucho con pocas palabras, procurando que cada imagen, cada expresión y cada silencio tengan un peso particular.

  1. ¿Cuáles son los escritores que más han influenciado tu estilo y qué es lo que más te gusta de ellos?

Considero que mis raíces creativas no nacieron en los libros, sino en las canciones aimaras y los relatos orales de mi comunidad. Esa fue mi primera escuela con el lenguaje: aprender a percibir cómo la palabra transmite imágenes y formas de comprender el mundo. Más adelante, la literatura escrita enriqueció este bagaje. Entre los autores que más han marcado mi estilo están Carlos Oquendo de Amat, de quien admiro la síntesis y la plasticidad de sus imágenes; Alejandro Peralta, por el vigor de su identidad andina; César Vallejo, por la hondura de su universo poético; José María Arguedas, por su capacidad para traducir el alma andina al plano lingüístico; y Ch’aska Eugenia Anka Ninawaman, por forjar una enunciación propia desde el pensamiento quechua. El hito fundamental en mi camino fue transitar de lo oral a lo escrito mediante una constante simbiosis. Esta confluencia fue moldeando mi voz y definiendo mi actual propuesta literaria.

  1. ¿Qué se ha ganado y qué falta en la publicación de literatura en idiomas originarios en el Perú?

En las últimas décadas, el Perú ha registrado avances significativos en la edición y producción de literatura en lenguas originarias. Por un lado, destaca la labor de instituciones estatales, como los ministerios de Cultura y de Educación, que impulsan la producción y publicación de diversos textos en lenguas andinas y amazónicas. Por otro lado, también es evidente el crecimiento de la creación literaria escrita por autores particulares, liderada principalmente por quechua-hablantes, aunque con esfuerzos y producciones cada vez más notables en el ámbito de la lengua aimara. Sin embargo, el camino hacia la consolidación recién empieza. El desafío actual trasciende la mera acumulación editorial; radica en cimentar las condiciones para que estas literaturas circulen efectivamente. La urgencia no es solo de publicaciones, sino de masa crítica: hacen falta más autores, lectores y espacios de debate en la propia lengua. El horizonte debe apuntar a la construcción de “ciudades letradas en lenguas originarias”; es decir, entornos urbanos e institucionales —universidades, librerías, medios y circuitos culturales— donde estos idiomas dejen de ser periféricos. Solo así se expandirá el público lector y se logrará la plena legitimación académica y literaria de nuestras lenguas.

  1. Tienes una carrera importante en la vida académica, en ese sentido, ¿cómo entiendes Latinoamérica desde la perspectiva de un escritor aimara haciendo un posdoctorado en Brasil?

Mi experiencia en el posdoctorado es sumamente enriquecedora, especialmente por la seriedad de su sistema académico, el cual me ha permitido complejizar temas que antes abordaba de manera puntual. Estar aquí me ha dado la oportunidad de mirar mi propio origen con nuevos ojos. Como escritor y aimara, sostengo que podemos transitar por diversos países del mundo y, desde la distancia, continuar pensando y escribiendo sobre nosotros mismos; la memoria no se queda en la frontera, nos acompaña. Este encuentro también funciona en sentido inverso: mi matriz andina es la llave para acercarme a la complejidad cultural de Brasil y, particularmente, a la herencia amazónica. Por ello, entiendo a Latinoamérica como un espacio de diálogo intercultural permanente. Creo que el gran desafío pendiente radica en las literaturas orales de nuestros pueblos originarios; existe la urgencia de investigar, escribir y abrir canales para que estas voces interactúen con el resto del mapa literario latinoamericano.

  1. La Paz está mucho más cerca a Puno que Lima, ¿cómo ves la relación cultural entre Perú y Bolivia?

La relación cultural entre Perú y Bolivia es indisoluble, configurando un territorio cultural compartido que desafía los límites cartográficos. La proximidad entre Puno y La Paz no es meramente geográfica, sino el reflejo de una matriz histórica y lingüística común. Actualmente, percibo en Bolivia un liderazgo notable en el activismo cultural digital, donde la juventud utiliza las plataformas virtuales como herramientas clave para difundir el aimara y generar contenidos propios. En el Perú, este movimiento también está en crecimiento mediante proyectos orientados a la revitalización lingüística. Al final, las fronteras dividen Estados, pero no las lenguas ni las identidades; la relación entre el sur peruano y el occidente boliviano tiene en la cultura y en la era digital los puentes perfectos para seguir fortaleciéndose.

  1. En las ciudades de Cusco y Arequipa muchos jóvenes asumen las sayas y morenadas y otras danzas altiplánicas como parte de su identidad, pero aún hay detractores de ello, especialmente cuando se trata de presentaciones en los aniversarios de dichas ciudades. ¿Cuál es tu sentir al respecto?

El dinamismo de la cultura trasciende los límites geográficos y las posturas puristas. Las danzas, la música y las tradiciones circulan, viajan y adquieren nuevos significados. Por lo tanto, es completamente natural que los jóvenes de Cusco y Arequipa asuman la saya y la morenada como parte de sus propias identidades urbanas. Lejos de ser una imposición externa, es una muestra de cómo las culturas se reinterpretan, dialogan y se mantienen vigentes. Limitar las celebraciones de los aniversarios de estas ciudades a un “purismo regional” es negar la realidad de un Perú diverso y migratorio, donde la música altiplánica une a las nuevas generaciones bajo un mismo sentimiento de orgullo andino.

  1. ¿Qué valores o actitudes de la cultura aimara pueden ayudarnos en tiempos donde la salud mental cada vez es más frágil?

Uno de los valores fundamentales de la cultura andina que puede ayudarnos en estos tiempos es la reciprocidad. Desde su perspectiva, la vida no se concibe desde el individualismo, sino a partir de los vínculos profundos que se establecen con los demás y con el entorno. Recuperar esta visión es crucial en una época marcada por el aislamiento y la desconexión social. Prácticas como dar, recibir, acompañar y sentirse parte de una comunidad fortalecen nuestras redes de apoyo y nos recuerdan que no estamos solos ante las dificultades. Además, la reciprocidad se extiende a la relación con la Madre Tierra Pachamama; reconectarnos con el entorno natural ofrece un espacio de calma, equilibrio y contención.

  1. ¿Hay en el aimara un equivalente al concepto quechua de “pachakuti” que se refiere a una gran transformación cataclísmica de la realidad?

Más que un equivalente, el concepto de pachakuti es en sí mismo una noción compartida por las lenguas quechua y aimara, ya que ambos idiomas comparten las raíces pacha ‘espacio-tiempo o cosmos’ y kuti ‘vuelta, retorno o transformación’. Por lo tanto, se trata de reconocer que este término forma parte de una matriz de pensamiento panandino. Desde esta perspectiva, el pachakuti representa una memoria histórica de transformación, crisis y resistencia frente a los procesos coloniales y modernos que han alterado los territorios, culturas y formas de vida indígenas. En ese sentido, la idea trasciende una sola frontera lingüística y funciona como un puente conceptual que dialoga con las formas en que otras tradiciones americanas, incluso las amazónicas, expresan y comprenden las grandes rupturas y renovaciones del orden establecido.

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