En Cusco, el turismo no es un sector cualquiera. De él dependen hoteles y restaurantes, pero también taxistas, guías turísticos y comerciantes de mercados. Cuando llegan menos visitantes, o cuando se quedan menos tiempo, el impacto se siente en toda la cadena. Y, mientras eso ocurre, recursos ya aprobados para impulsar el turismo siguen sin ejecutarse.
Basta mirar lo que pasó en Machu Picchu este año. En el primer semestre de 2026, el santuario recibió 55,475 visitantes menos que en el mismo periodo de 2025, según cifras del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, y un 10.5% menos que en los mismos meses de 2019. Han pasado siete años y el destino más conocido del país no solo no ha vuelto al nivel que ya había alcanzado, sino que se sigue alejando.
Detrás de la caída hay varias causas. Una de ellas está en la ejecución de recursos de la Municipalidad de Machu Picchu. El distrito cuenta con presupuesto aprobado para promocionar el destino, pero también para mantenerlo en condiciones adecuadas: conservar los atractivos a su cargo y capacitar al personal que atiende al turista. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, al cierre de agosto ya se había ejecutado el 47.8% del presupuesto destinado a promoción. Sin embargo, de los S/ 832,672 asignados para mejorar el destino no se había ejecutado nada: 0.0% de avance. Así, se promueve la llegada de visitantes a un destino que no está siendo atendido como debería.
Cusco elegirá gobernador y alcaldes en octubre. A quienes postulan, sea a la región o a un distrito de la ruta a Machu Picchu, conviene preguntarles cuánto de las partidas de turismo que ya están aprobadas piensan ejecutar cada año. El compromiso que hace falta es sencillo de enunciar y difícil de cumplir. Usar lo que ya se tiene.







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