A exactamente siete días de que más de 150 millones de brasileños acudan a las urnas, la campaña presidencial en Brasil ingresó en su fase más crítica. El actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador de oposición, Flávio Bolsonaro —hijo mayor del exmandatario Jair Bolsonaro—, han lanzado una ofensiva total para capturar el denominado «voto útil» de las fuerzas minoritarias, en un intento desesperado por inclinar la balanza en la primera vuelta del próximo domingo 4 de octubre.
La urgencia por convencer a los electores indecisos y a los seguidores de terceras vías responde al último estudio nacional de la consultora Datafolha, que ubica a Lula da Silva con el 40 % de la intención de voto frente al 36 % de Flávio Bolsonaro. Al considerar el margen de error de dos puntos porcentuales, ambos se encuentran en un empate técnico que hace casi imposible que alguno supere el 50 % de los sufragios válidos necesarios para ganar sin ir a una segunda vuelta. En el escenario de un eventual balotaje fijado para el 25 de octubre, la brecha se estrecha aún más: 47 % para el líder del Partido de los Trabajadores (PT) y 45 % para el representante del Partido Liberal (PL).
Ofensiva estratégica en los grandes colegios electorales
Durante este fin de semana, la batalla se trasladó a las zonas periféricas y empobrecidas de los estados con mayor peso electoral del país. Lula da Silva encabezó una masiva marcha en São Miguel, en el extremo este de São Paulo, buscando revertir la ventaja que Bolsonaro mantiene en esa región. Como una medida de fuerte impacto social y claro tinte electoral a pocos días de los comicios, el mandatario progresista anunció mediante decreto ejecutivo la prohibición total de las apuestas deportivas en internet (bets), argumentando la necesidad de proteger la economía de las familias vulnerables.
Por su parte, Flávio Bolsonaro lideró una masiva caravana de motocicletas en São João de Meriti, en el área metropolitana de Río de Janeiro, el principal fortín político de su familia donde los sondeos le otorgan un 37 % de respaldo frente al 30 % de Lula. Desde allí, el senador ultraderechista arremetió contra las recientes medidas económicas del gobierno y publicó un enérgico mensaje en redes sociales apelando a la unificación de la derecha desde la primera vuelta: «No deje para la segunda vuelta lo que puede resolver en la primera. Jubilemos a Lula y libertemos a Brasil».
El botín del 17 % y el vacío de los debates
Con los votos en blanco proyectados en un 5 % y los indecisos reducidos a un mínimo del 2 %, el foco de ambos candidatos está puesto en asimilar el 17 % de apoyo que retienen los diez aspirantes minoritarios. Los dardos apuntan principalmente a los votantes del psiquiatra Augusto Cury (5 %), el exgobernador Ronaldo Caiado (4 %) y el activista de ultraderecha Renan Santos (3 %).
La tensión de la recta final también provocó la cancelación del primer debate televisivo que iba a transmitir la cadena TV Record, debido a que tanto Lula como Bolsonaro declinaron su asistencia para priorizar sus eventos de calle. La última oportunidad de verlos confrontar ideas antes del sufragio general será este jueves 1 de octubre en las pantallas de TV Globo, aunque su participación real continúa bajo estricta reserva estratégica.







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