¿Carretera o deforestación? La obra que AMENAZA a la NACIÓN SHAWI | ESPECIAL

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El Cusco real versus el Cusco oficial

La resaca de las Elecciones Regionales y Municipales nos ha dejado una fotografía política compleja. Con la exclusión de candidaturas clave y el recalculo de votos que sitúan a liderazgos como el de Verónika Mendoza en el umbral del sillón regional, el debate público parece haberse atrincherado en las leguleyadas, las impugnaciones y la eterna disputa ideológica. Sin embargo, mientras la clase política cusqueña se desvela contando actas, la población en las provincias mira con desesperanza hacia el cielo y hacia los cerros.

Nuestra realidad inmediata es alarmante: la región registra ya más de 350 incendios forestales que han arrasado casi 12,000 hectáreas de cobertura vegetal. El fuego no solo consume el ichu de nuestras punas o el hábitat de nuestra fauna silvestre; ya ha cobrado valiosas vidas humanas en provincias como Acomayo. Los agricultores, empujados por la desesperación de la sequía y la falta de lluvias que azota a 116 distritos, recurren a las tradicionales quemas agrícolas bajo condiciones climáticas extremas que vuelven al fuego incontrolable.

Es inadmisible que el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) continúe mostrando una alarmante lentitud logística, escudándose a veces en que las fuerzas del orden estaban desplegadas por los comicios. La carencia de compañías de bomberos equipadas en provincias vulnerables como Chumbivilcas, Canas o Paruro evidencia el abandono histórico de un Cusco rural que genera millones por canon minero y gasífero, pero que carece de lo elemental para defender su propio suelo.

La futura autoridad de la región, sea quien sea que valide el conteo oficial definitivo, no recibirá un trofeo histórico, sino una bomba de tiempo ambiental, social y económica. Las promesas de campaña deben archivarse para dar paso a un plan de contingencia real ante el Fenómeno de El Niño y la escasez hídrica.

Es momento de que el liderazgo regional deje de mirar a Lima buscando culpables o validaciones y empiece a mirar hacia el Cusco profundo. Necesitamos un gobierno técnico, transparente y con capacidad de respuesta inmediata. No podemos permitirnos cuatro años más de retórica estéril mientras el suelo que pisamos se sigue convirtiendo en cenizas. La legitimidad de los votos no se defenderá en los tribunales electorales, sino en la capacidad de apagar el fuego y devolver el agua a nuestro pueblo.

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