Exigen ser reconocidos como área de influencia directa del proyecto Coroccohuayco
El distrito de Pallpata, en la provincia cusqueña de Espinar, amaneció el 22 de septiembre movilizado. Las comunidades iniciaron un paro preventivo de 72 horas contra la minera Antapaccay, exigiendo ser reconocidas como área de influencia directa del proyecto Coroccohuayco.
Ese reconocimiento no es un simple trámite: abriría la puerta a compensaciones, programas sociales y proyectos de desarrollo que hoy se concentran en otras zonas, mientras Pallpata permanece relegada. “Llevamos años pidiendo diálogo sin resultados”, denuncian los dirigentes comunales.
La protesta incluye bloqueo de vías y suspensión de actividades productivas. La advertencia es clara: si en tres días no hay respuesta, el paro será indefinido.
La tensión no surge de la nada. Espinar es un territorio marcado por décadas de conflictos mineros. Desde los años noventa, cuando comenzó la explotación de Tintaya, pasando por Antapaccay en 2012 y ahora Coroccohuayco, la historia se repite: promesas de desarrollo frente a comunidades que denuncian contaminación, desigualdad y exclusión en la distribución de beneficios.
El proyecto Coroccohuayco, que busca convertirse en la continuidad de Antapaccay, ha sido cuestionado por su impacto ambiental y por la definición de su “área de influencia”, clave para determinar qué distritos acceden a fondos millonarios. Espinar ha protagonizado varios paros y enfrentamientos a lo largo de los últimos años; hoy es Pallpata quien levanta la bandera.
Los comuneros llaman al Gobierno a intervenir, pero no con represión. “Queremos justicia, no migajas”, repiten quienes mantienen bloqueadas las carreteras. La lucha, insisten, no es contra el desarrollo, sino contra la marginación.
En Pallpata, el reloj de las 72 horas ya corre y el futuro inmediato depende de la voluntad de una empresa que hasta ahora prefiere permanecer en silencio.







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