La EPS con mayor índice de quejas en la región enfrenta una nueva ola de críticas
La EPS con mayor índice de quejas en la región imperial enfrenta una nueva ola de críticas tras afirmar que concluyó el parchado de calles, mientras vecinos documentan forados y obras abandonadas. La empresa prestadora de servicios de agua potable y alcantarillado, Seda Cusco S.A., se encuentra nuevamente en el ojo de la tormenta tras una polémica publicación institucional que ha encendido la indignación ciudadana.
Pese a que la entidad afirmó oficialmente haber culminado con la «reposición total» de pistas y veredas intervenidas durante el 2025, la realidad en las calles de la Ciudad Imperial parece dictar lo contrario. Para los cusqueños, este anuncio no es más que una «mentira» que agrava la ya deteriorada imagen de la empresa, consolidándola como la entidad más quejada y con peor gestión de reclamos en toda la región.
El descontento se ha volcado masivamente a las redes sociales, donde usuarios de diversos distritos han presentado un catálogo de evidencias que contradicen la versión oficial. Desde la Avenida de la Cultura hasta la Urbanización José Carlos Mariátegui, los vecinos denuncian que las intervenciones han dejado parches de tierra, asfalto que se desprende «por pedazos» y el uso de materiales de bajísima calidad. Un punto crítico es el daño al ornato: ciudadanos lamentan que veredas originalmente decoradas con cerámicos hayan sido «reparadas» con cemento rayado, evidenciando una falta de respeto técnica y estética por la infraestructura urbana.
Este nuevo episodio no es un hecho aislado, sino que se suma al largo historial de ineficiencia que arrastra la EPS. Según los reportes de los usuarios, Seda Cusco no solo destaca por su incapacidad para atender reclamos operativos, sino también por una logística deficiente que mantiene vías obstruidas durante meses. Los afectados señalan que la empresa actúa con celeridad únicamente para amenazar con el corte del suministro por falta de pago, pero muestra una lentitud pasmosa cuando se trata de subsanar los «forados» y daños colaterales que sus propias cuadrillas generan en la vía pública.
Por su parte, la respuesta de Seda Cusco ha sido deslindar responsabilidades, atribuyendo el mal estado de arterias principales como Collasuyo y San Sebastián a proyectos del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento. Sin embargo, este descargo no ha calmado los ánimos de la población, que percibe una falta de transparencia sistemática. La desconexión entre los informes de gestión de la empresa y la experiencia cotidiana del vecino es total, dejando en evidencia una crisis institucional que va más allá de un simple bache en la calzada.
Finalmente, la situación pone en relieve la urgencia de una fiscalización más rigurosa por parte de la Sunass y las autoridades municipales. Mientras Seda Cusco intenta sostener una narrativa de eficiencia, el Cusco real convive con el polvo, los hundimientos y la frustración de un servicio que se percibe como abusivo y deficiente. La demanda es unánime: menos comunicados triunfalistas y más trabajos de calidad que devuelvan la transitabilidad a una ciudad que, en plena recuperación turística, no merece lucir en estado de abandono.


