martes, mayo 5, 2026
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El gobierno abandona a Machu Picchu a su suerte: visitantes enfrentan esperas de hasta tres días para conseguir una entrada.

El desorden en la venta de entradas, la falta de inversiones y el crecimiento de grupos ilegales deterioran la imagen del país y afectan negativamente al turismo en Cusco.

Visitar Machu Picchu se ha transformado en una experiencia frustrante para miles de turistas. Lo que debería ser un proceso sencillo, como la compra de entradas, se convierte en una espera de hasta tres días en Aguas calientes. A esto se suman los constantes problemas del sistema y una evidente falta de acción por parte del Gobierno, lo que agrava aún más la situación.

Durante meses, los gremios turísticos del Cusco han advertido sobre las deficiencias de la plataforma oficial del Ministerio de Cultura.

Además, el sistema de venta presencial en ventanilla ha sido claramente dominado por redes de reventa que operan sin restricciones frente a la mirada indiferente de las autoridades. Aunque las quejas de turistas y actores del sector se acumulan, el Gobierno no ha dado respuesta ni solución alguna.

Si bien el Ministerio de Cultura firmó compromisos para mejorar el acceso a la ciudadela inca, los avances han sido nulos. La prometida plataforma digital segura no se ha implementado, tampoco se han realizado las inversiones necesarias en infraestructura como el centro de visitantes y el control de ingresos. Esto ha generado una baja constante en el número de turistas y una creciente percepción de disfunción gubernamental.

En paralelo, el impacto sobre el turismo, uno de los principales motores económicos de Cusco, es devastador.

Las agencias están perdiendo reservas, los operadores reportan cancelaciones, y los turistas no tardan en manifestar públicamente su descontento ante la desorganización y el maltrato. Sin embargo, ni el ministro de Cultura ni la presidenta Dina Boluarte han tomado medidas.

Juan Stoessel, vicepresidente de la Cámara de Turismo del Cusco (CARTUC), ha señalado que el Ministerio de Cultura es el principal responsable de esta crisis.

Según Stoessel, la gestión del sistema de venta de entradas se ha delegado a operadores ineficientes que desconocen tanto el territorio como las necesidades del sector turístico. Como resultado, el sistema actual carece de estabilidad, criterios técnicos y capacidad para atender la creciente demanda.

Stoessel enfatiza que el Ejecutivo había asumido compromisos claros: eliminar las ventas en ventanilla y desarrollar una plataforma digital única. Ninguna de estas medidas se ha implementado. Por otro lado, la venta presencial sigue estando dominada por mafias que comercializan boletos a precios excesivos, mientras los turistas soportan largas colas sin garantía de obtener una entrada. Según él, esta situación es inaceptable, especialmente en plena temporada alta. Critica con dureza la falta de gestión:

“Estamos en agosto y seguimos igual. No entiendo cómo pueden tratar así al turista (…) Hacen colas interminables (…) ¿Qué hacen el ministro y la viceministra?

No hay justificaciones: o son incapaces o simplemente no les importa».

El empresario también lamenta la falta de progreso con respecto al centro de visitantes, considerado vital para regular el flujo turístico en torno a Machu Picchu.

Desde su punto de vista, este retraso demuestra una completa ausencia de voluntad política para proteger uno de los destinos más emblemáticos del país. Además, alerta sobre el daño irreversible que esto genera en la imagen internacional del Perú, afectando no solo al Cusco, sino también a toda la marca país.

Stoessel concluye afirmando que el Estado ha abandonado Machu Picchu. Ni el Ministerio de Cultura ni la Presidencia han presentado soluciones concretas hasta ahora. Por ello, exige decisiones técnicas bien fundamentadas y un compromiso con el turismo como fuente esencial de empleo y desarrollo para miles de familias cusqueñas.

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