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BUSQUEMOS REFERENTES DE CONFIANZA

“Vergüenza se tiene solo para robar”, poderosas pala­bras de los ilustres de otros tiempos, que hasta ahora habitan en el recuerdo de quienes tuvimos...

REFLEXIONES

*El Primer Ministro chino, Wen Jiabao, retrató a latinoa­merica en estas recomendaciones a países emergentes:* “Pena de muerte para crímenes comprobados: Ninguna so­ciedad honesta...

SHOCK DE CONFIANZA

“El pago ha sido por Odebrecht, pero el resto de em­presas sí tenían conocimiento, no detalles, pero sí sa­bían que existía el acuerdo. Lo...

YA ESTAMOS HARTOS DE TANTAS DERROTAS

A veces pienso que, hoy el ser humano, vive en una permanente sensación de derrota; a juzgar por los diversos ambientes desilusionantes y ego­céntricos...

NOTAS AL PASO

En reciente encuesta realizada por el INEI pre­guntando “en los últimos doce meses, ¿a usted, o algún miembro de su hogar le solicitaron, se...

APORTE A LA LUCHA ANTICORRUPCIÓN

El Congreso ha brindado un invalorable aporte al combate contra la corrupción con la aprobación de una reforma constitucional que establece la imprescriptibilidad de...

RESPONSABILIDAD PENAL DE ADOLESCENTES

El Decreto Legislativo Nº 1348 crea el Nuevo Código de Responsabilidad Penal de Adolescentes, y su texto revoluciona un tanto la estructura de los...

¿TODO ESTÁ MAL CON EL GÉNERO?

“Algunos errores ideológicos consisten en sustituir sexo por género, en proclamar la superioridad del género so­bre el sexo”. La polémica desatada respecto a la...

ANUNCIO DE LLEGADA DEL PAPA ES NUEVA ESPERANZA

En medio de los escándalos de corrupción a los más altos niveles de gobierno y del Estado en general, aparte de los crímenes contra inocentes usando a Dios como coartada realizados desde hace ya bastante tiempo, pienso que hay muchas personas que desearían no estar viviendo en estas circunstancias y no les niego la razón ya que si no sacamos fuerzas de flaqueza nos derrumbamos, porque para completar la desgracia el clima del calentamiento global atiza más la situación. Sin embargo, como siempre hay cómo relativizar las cosas y seguir teniendo esperanza de que en algún momento todo pasará porque como dice el dicho popular no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Para empezar, ya que es tarde para considerar la importancia de la prevención, acudiremos, como en otros momentos, a la fuerza enorme de la solidaridad. Y luego, cuando amainen las aguas, exigiremos de nuestros gobernantes a nivel nacional, regional y local, que de una vez se dejen de invertir en grandes proyectos de impacto dudoso y mejor se dediquen a aquello que la gente necesita para vivir dignamente, es decir, salud, educación, seguridad, auténtica prevención ante desastres, y todo con la máxima trans-parencia y honestidad. Para mí en este momento la esperanza reside en que el papa Francisco ha anunciado su visita a nuestro país en 2018, y aunque quién sabe si yo estaré presente porque a mis 87 años ya estoy viviendo los descuentos del partido y los que me quedan tengo que vivirlos y gozarlos ayudando a los que me rodean para que sigan teniendo paz, alegría y esperanza. Ustedes me dirán qué esperanza tengo yo de que cuando venga el Papa va a arreglar todo. Eso no lo sé, pero sí sé que su presencia ayudará a muchos cristianos a recobrar toda la bondad que Jesús nos ha regalado con su sacrificio y así como el demonio se ha enseñoreado para crear todo este caos, así también un hombre santo como Francisco puede ayudarnos a recobrar nuestra dignidad de hijos de Dios y aprendamos a convivir como verdaderos hermanos. Por: María Ross Morrey de Joo  Colaboradora

ALGO MÁS QUE PALABRAS: Somos obreros de mal gusto y peor gesto

Necesitamos volver a lo armónico de la naturaleza, a sentirnos parte de esa obra en movimiento, donde va impreso el amor, o la idea de un Creador en la mente humana. Es período de reflexión, de pensar profundo, ante un tiempo de endiosamiento, que todo lo contamina de elementos tóxicos. La toxicidad es cada vez más fuerte, más radioactiva, tragándose todo lo natural que nos circunda. Está visto que somos obreros de mal gusto. No respetamos ni las formas de vida silvestre. El impacto de las actividades humanas es tan cruel, en ocasiones, que nos estamos destruyendo a nosotros mismos. El planeta, por el que andamos más que viviendo, sufriendo la necedad de las mil vueltas y revueltas mundanas, también parece convertirse cada vez más en un inmenso campo de exterminio, en un grandioso depósito de desechos, en lugar de un colosal jardín de versos. Nuestra casa nos la hemos merendado con gestos bárbaros, con el abuso permanente, con el derroche y el capricho de unos pocos. Deberíamos crear conciencia más poética que política, más de sentirse bien que de sentirse utilizado a cambio de unas migajas, cuando menos para fre-nar ese comercio ilegal que todo lo impurifica. Precisamente, nunca es tarde para celebrar ese recital de sentimientos, pues aunque se nos active una vez al año (el 3 de marzo: Día mundial de la Vida Silvestre), mejor es esto que nada. La onomástica nos lleva a celebrar, si cabe con mayor entusiasmo, la belleza y la variedad de nuestra flora y fauna montaraz. Advertir lo necesario que somos todos, alcanzar a vislumbrar la grandeza del ser y su palabra, disfrutar del instante y de los seres vivos con los que cohabitamos, alabar la existencia y el sueño de coexistir, siempre es algo liberador y entusiasta. No podemos seguir siendo obreros decaídos, tenemos que continuar trabajando por una tierra más humana, más versátil, más de todos y de nadie. Lo salvaje también tiene su razón de coexistencia, de expresión de vida, cuestión que ha de hacernos meditar y ser más responsables, sobre todo a la hora de poner fin al comercio ilegal de especies de fauna y flora silvestres. Como tantas veces he escrito, ahora también digo que es el momento de la acción, de escucharnos todos, de alentar a los jóvenes y menos jóvenes, a proteger nuestro propio hábitat. Desde luego, las generaciones venideras no entenderán nuestra falta de consideración e irresponsabilidad. Si en verdad ponemos en nuestra agenda de buscadores, el compromiso de la coherencia con lo natural, seguramente seríamos más garantes de vida, que más que significado es deseo. No desear nada es como no desear vivir. A propósito, yo me quedo con la receta del poeta italiano Petrarca (13041374): “Es mejor desear el bien que conocer la verdad”. Porque hallado el bien, sin duda, seremos todos más bondadosos. Sea como fuere, olvidamos, con demasiada frecuencia, que tan importante como la actividad comercial y productiva ha de ser nuestro espíritu de cooperación, para poder custodiar el vergel. En esto nadie puede excluirse. Todos tenemos un papel a desempeñar. La pérdida de selvas y bosques es algo catastrófico, implica la pérdida de especies, además de una estética natural de la que somos inherentes los humanos. Ojalá pusiésemos freno a tantos innecesarios derroches verdaderamente degradantes. Quizás tengamos que ser más observadores de los diversos ambientes naturales para entender que, aquello que es poético, merece por principio un lenguaje preservador. Esos pulmones del orbe, tan crecidos de biodiversidad como de anhelos, por si mismos nos dan vida, son tan literarios que nos activan el alma. Por eso, es loable la labor de organismos internacionales y de organizaciones diversas, empeñadas en sensibilizarnos y en cooperar críticamente, utilizando legítimos mecanismos para que despertemos de nuestra engreimiento devastador. Si en verdad fuésemos obreros de buen tacto y mejor gusto, tal vez haríamos un cuidadoso inventario de nuestros acompañantes, a fin de desarrollar programas y estrategias de protección, cuidando con especial esmero aquellas especies que están en vías de extinción. Para desgracia nuestra, estamos acostumbrados a crecer alocadamente, sin concierto alguno, lo que genera un caos tremendo de profanación visual, acústica, aparte de otros contaminantes de transporte, puesto que cada día estamos más congestionados por el asfalto, el cemento, el vidrio y los metales, en ausencia total de contacto físico con la naturaleza. Las ciudades parecen cárceles sin espacios verdes apenas. Todo se ha privatizado o se ha urbanizado al servi-cio de unos pocos, los privilegiados, que les importa nada el tema de la ecología. Así, cada año, desaparecen millones de hectáreas de bosques y la degradación persistente de las zonas áridas ha provocado la desertificación. Hoy sabemos que los bosques son el medio de vida de alrededor de 1600 millones de personas, incluidas más de dos mil culturas; y, por si esto fuera poco, sabemos que en ellos habita más del 80% de las especies terrestres de animales, plantas e insectos. Por otra parte, de la agricultura dependen directamente 2600 millones de personas, pero el 52% de la tierra empleada para la agricultura se ha visto moderada o gravemente afectada por la degradación del suelo; no en vano, la degradación de la tierra afecta a 1500 millones de personas en todo el mundo. Lo nefasto de todo ello, es que continua la pérdida de tierra cultivable. Inevitablemente, cada año se pierden 12 millones de hectáreas (23 hectáreas por minuto) como consecuencia de la sequía y la desertificación, en las que podrían cultivarse 20 millones de toneladas de cereales. En suma, que el 74% de los pobres se ven directamente afec-tados por la degradación de la tierra a nivel mundial. Por desdicha, además hemos perdido toda sensibilidad. Nadie llora por nadie ya. Tampoco mejoramos en los gestos, lo que acrecienta el deterioro de la calidad de la vida humana, pues el medio ambiente mundial sigue deteriorándose y de qué manera. Ciertamente, no pasamos de las promesas y de las buenas intenciones, porque ahí están las disparidades mundiales que nos exigen actuaciones conjuntas, si en verdad queremos mejorar todos. Mientras tanto nos llama la atención la falta de entusiasmo por un mundo más ético, con mayor amplitud de miras y más coraje. El suelo, el agua, las montañas o los valles, han de estar para el disfrute de todos. Al igual que nadie se basta por sí mismo, las innumerables especies son todas necesarias, bien para complementarse o bien para servirse mutuamente. Todo está relacionado y todos los moradores hemos de ir en ese camino, entrelazados por la estética del poema, en una maravillosa peregrinación de conciertos. Lo que ya en su tiempo le producía una inmensa tristeza, al novelista francés Víctor Hugo (18021885), era pensar “que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha”. Con los años aún no hemos mejorado. Deberíamos poner más oído para advertir que todos somos únicos y necesarios, sin marginar a nadie ni favorecer a ninguno, pues si fundamental es un estilo de vida coherente, el avance de la humanidad también es una manera de vivir para los demás y por los demás. No podemos ser dominadores de nadie. Al fin y al cabo, ¿qué es el ser humano dentro de esta vida natural?. Puede que una quimera respecto a lo absoluto. O tal vez una estrofa viva con capacidad de latir. Por ello, ¡démonos amando!. Es lo que permanece. Copiemos el argumento de una silvestre rosa; que aún no siendo nada, sin embargo lo es todo, porque todo lo perfu-ma de luz. Víctor Corcoba Herrero/ Escritor 

CORRUPCIÓN, DESCONFIANZA Y DESARROLLO

En las últimas semanas, los peruanos estamos bombar­deados de noticias que hablan de casos de corrupción. Personajes conocidos y no tan conocidos son vincula­dos...

LO QUE NOS TOCARÁ

Adivinar qué tipo de política sucederá a la practicada en los tiempos de Odebrecht y el caso “Lava Jato” será complicado si asumimos –como...
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