lunes, mayo 10, 2021
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¿Cómo queremos morir?

Autor: MBA Oscar Gaona

Aunque el título plantea una discusión compleja para la humanidad, sin duda aborda en parte lo que estamos pasando los peruanos hoy en día. Muchas veces las condiciones pueden cambiar tan rápido y afectar la calidad de vida de tal manera que muchos se ven obligados a tomar una decisión muy compleja. Vivir sin dignidad o morir según su deseo. Pensar en elegir entre Fujimori y Castillo podría ser algo así.

Cuando me encontraba en la maestría durante el 2017 uno de los cursos que encontré más interesantes fue Competitividad de las Naciones dictada por un profesor cuyo asesor de tesis en Harvard había sido nada más y nada menos que Michael Porter, el gurú de la competitividad a nivel mundial. Recuerdo claramente cuando en una de las clases mientras analizábamos la competitividad de varios países del mundo, expresó “hoy en día hay dos países en Latinoamérica sobre los cuáles nadie puede decir nada malo en el Banco Mundial, Perú y Panamá”. En el caso peruano las razones eran básicamente los niveles de crecimiento económico a partir de los años 2000 que logramos sacar a casi 12 millones de peruanos de la pobreza, pero había una advertencia. El problema estaba en que el crecimiento económico no se veía reflejado en desarrollo social y mucho menos en desarrollo político e institucional, por lo que a pesar del gran progreso económico seguíamos siendo una democracia débil y precaria.

La aparición de personajes como Castillo y Fujimori es muy común en la historia latinoamericana. Por el crecimiento económico que veníamos logrando se ocultaron muchos de los problemas sociales que teníamos en vez de resolverlos. Pero apareció el COVID-19 y fue el catalizador que nos regresó a nuestra realidad y no solo nos mostró las evidentes deficiencias estructurales que tenemos, sino que multiplicó las brechas de desigualdad social existentes. El tsunami nos había pasado por encima, pero no a todos nos agarró en el mismo bote.

Por un lado tenemos a Keiko Fujimori. ¿Por qué tendríamos que darle el voto a una persona que se encargó de sacar del poder a dos presidentes? ¿Por qué tendríamos que confiar en alguien que decidió anteponer sus intereses al de los peruanos? Estamos en una de las peores crisis políticas de nuestra historia y Keiko tiene muchísimo que ver en ello. Al momento actual de la campaña ha intentado mostrar ciertos rasgos de arrepentimiento y ha reconocido tibiamente algunos de los errores y horrores de sus decisiones políticas pero que distan mucho de ser suficientes para cambiar su imagen. Keiko va a tener que comerse su orgullo envenenado y comprometerse con el pueblo peruano de todas las formas posibles a respetar la institucionalidad si en verdad quiere ganar estas elecciones. A la fecha no ha mostrado mucho de ello.

Por el otro lado está Castillo, que cada vez que habla es un desastre y hace sus mejores intentos para facilitar el camino de su rival. Castillo no ha sido capaz de dar una sola propuesta coherente y evita constantemente responder preguntas incómodas y eso es preocupante porque la democracia es un trabajo desgastante, la democracia exige negociación, compromiso y en muchos casos exige ceder o hacer concesiones. En democracia el presidente no puede hacer lo que le viene en gana sino lo que sus funciones detalladas en la Constitución, le permiten. ¿Qué va a pasar cuándo Castillo no pueda obtener lo que quiere de las conversaciones que va a tener con las fuerzas políticas, empresariales y sociales? ¿va a gobernar por decreto? ¿va a llamar a consulta “al pueblo” cada vez que tenga que tomar decisiones difíciles? ¿pedirá consejo a Cerrón?

Castillo también viene haciendo promesas que no va a poder cumplir, su discurso suena a lo mismo o peor que cualquier político común. Pretende cerrar entidades que a su “parecer” no funcionan, pero nunca detalla cuál sería la solución. Cuando un político describe un problema, pero no plantea la solución, simplemente se está quejando y él está acostumbrado a eso porque es lo que mejor sabe hacer. Es sindicalista más que profesor, sabe aprovechar un reclamo justo de la población y transformarlo en ventaja política para él. Castillo ataca a las instituciones porque más allá de ser un populista y sindicalista radical, entiende muy bien que necesita concentrar el poder y pretende obtener ese poder del pueblo y eso, lamentablemente para él, es una ilusión.

Castillo y Fujimori han llegado a la segunda vuelta representando a una minoría del país. Durante su gobierno ninguno va a alcanzar los niveles de aceptación que tuvo Vizcarra, por ejemplo, que llegó a un 70% de apoyo ciudadano (porque se enfrentaba a Fuerza Popular). La situación es muy distinta, la mayoría de los peruanos no está de acuerdo con ninguno de los candidatos, pero se tiene que elegir a uno.

Intentemos ver estas elecciones de la manera mas precisa posible. Tanto Fujimori como Castillo no creen en la democracia, por lo tanto, el país va a perder mucho con cualquiera de los dos. Fujimori puede construir alianzas con el Congreso, sectores sociales y empresariales y otros, lo cual le daría cierta estabilidad para poder gobernar, pero ese es el peligro con ella por los antecedentes antidemocráticos que tiene, Keiko no debería tener esa estabilidad porque es probable que intente apoderarse de instituciones clave, la labor de exigir cuentas por parte de los “árbitros” como el Poder Judicial, Congreso y la prensa deberían ser implacables.

En el caso de Castillo el escenario es más oscuro, este señor no tiene nada. No tiene mayoría en el Congreso, no tiene apoyo ciudadano mayoritario, no tiene apoyo del sector empresarial y tampoco tiene apoyo de las Fuerzas Armadas, y lo más probable es que al primer intento de querer lograr alguna de las atrocidades de las que habla en sus mítines lo van a terminar vacando. Sumado a eso, pareciera que no comprende lo que es un Estado de derecho, no entiende que no puede cerrar las instituciones o cambiarlas solo porque asume que así lo desea “el pueblo”. O peor aún, quizá no sea ignorancia, sino miente descaradamente solo para lograr el poder. Ciertamente prefiero creer que es ignorancia. Promete que va a nacionalizar las minas y otros “recursos estratégicos”, pensar que puede “recuperar” las Bambas y que China va a aceptar sus condiciones sin consecuencias o que va a nacionalizar Camisea sin tener que pagar los miles de millones de dólares que cuesta y pasarle la deuda a todos los peruanos es una torpeza de alguien que no tiene capacidad para tomar decisiones para un país.

Sumado a eso, es triste ver en redes sociales cómo gran parte de la sociedad peruana evalúa su posición respecto al voto. No es un voto racional o argumentado. Es un voto emocional que apela a la “moral” o la “dignidad” como si existiera un parámetro moral igual para todos. Algunos basan su decisión en historias ficticias contadas por manipuladores y en el peor de los casos se basan en memes. En el Perú podemos esperar casi cualquier cosa de nuestros votantes. Si fuimos capaces de darle una segunda oportunidad a Alan García no me sorprendería que hagamos lo mismo con Keiko, y si somos capaces de minimizar la evidencia de que el terrorismo está luchando por regresar al poder, pero de manera legítima, no me sorprendería que elijamos a Castillo.

Exijamos como país que ambos candidatos planteen y expliquen objetivos claros y reformas precisas para sacar al país de la crisis sanitaria, social, institucional y económica en la que estamos, y así, al menos tengamos la libertad de elegir cómo queremos morir.

Oscar Gaona, autor: peruano, MBA por el INCAE Business School, con estudios en Harvard BSO y Rochester Institute of Technology, Administración de empresas en la Universidad Andina del Cusco. CEO y fundador de MINDSET, empresa dedicada a consultorías en estrategia e innovación con sede en Panamá.

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