lunes, abril 12, 2021
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¿Qué hacemos con los pobres?

Oscar Gaona, autor.

Casi todos los peruanos hemos escuchado en alguna etapa de nuestras vidas aquella frase del italiano Antonio Raimondi sobre que “el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”. Resulta que durante los años que surgió esta frase, 1850 aproximadamente, quizá tenía sentido explotar los recursos naturales de un país para generar riqueza, lamentablemente, hoy en día la frase resulta en poco menos que una falacia porque la dinámica mundial actual está basada en una materia prima que no podemos sacarla de la tierra sino de las habilidades de las personas, el conocimiento y la innovación.

Durante la mayor parte del siglo XX las industrias se caracterizaron por dar origen y explotar la revolución industrial. Enormes inversiones en infraestructura física generaban empleo para miles de personas que realizaban tareas monótonas y operacionalmente muy bien diseñadas para generar productos o servicios cada vez mejores a precios cada vez más competitivos. Sin embargo, durante el siglo XXI estamos siendo testigos de que la dinámica económica mundial viene cambiando con una gran velocidad. La economía del conocimiento está ganando la batalla, los activos intangibles como las ideas y los datos se han vuelto mucho más valiosos que los activos físicos como las inmensas fábricas.

Podemos ver un ejemplo de esto en la industria del café, que según diversos estudios concluyeron que del precio al consumidor final el productor apenas recibe el 6% del total, cifra que podría llegar a un 3% como lo afirma Andrés Oppenheimer en su libro Cuentos Chinos, el 94% restante, o más, se queda en aquellos que generan actividades que derivan de la economía del conocimiento (branding, distribución, ingeniería). Extrapolemos esta situación a otras industrias como la minería y nos daremos cuenta de que nuestro país hace las veces de caficultores recibiendo el porcentaje más bajo de la cadena global (aunque los mineros nos quieran hacer creer que son la esperanza para la riqueza del Perú).

Bajo estas circunstancias, ¿cómo combatimos las causas de la pobreza? Quizá la pregunta es errónea. De acuerdo con la escuela austríaca la pobreza es el estado natural del ser humano, por lo tanto, no tiene causas. Si las circunstancias que generan la riqueza desaparecen volvemos a lo que fuimos en nuestro estado natural, es decir, la pobreza. Venezuela es un ejemplo actual de ello porque sus gobiernos socialistas se encargaron de desaparecer todo lo que les generaba riqueza, el resultado es que ahora el 96% de venezolanos son considerados pobres. La verdadera pregunta por resolver es ¿cuáles son las causas de la riqueza? Pregunta bajo la cual podríamos analizar las propuestas de nuestros candidatos al poder político, sin embargo, son solo algunos los que lo abordan porque la mayoría de ellos no entienden la naturaleza del problema, pero pretenden resolverlo.

Para intentar satisfacer la cuestión sobre las causas de la riqueza debemos incorporar dos variables a la ecuación. La igualdad y la libertad. Durante la época de los romanos surgió la filosofía estoica, bajo la cual se reconocía la igualdad del hombre ante la naturaleza. Esclavo y amo, en principio, eran iguales. Luego el cristianismo se encargó de instaurar la igualdad ante Dios. Años después, a partir de la constante interacción humana, las personas descubrieron la propiedad, el comercio y otras actividades que le permitieron generar riqueza y las sociedades cambiaron drásticamente, las tasas de natalidad crecieron, la educación se hizo masiva, la salud mejoró, entre otras cosas; se dio nacimiento a las estructuras institucionales, y durante el siglo XVII surgió en Inglaterra el primer rasgo que sería la base para la generación de riqueza, la igualdad ante la ley. A lo largo de los años siguientes hemos alcanzado un desarrollo económico y social importante, hoy en día estamos en un estado de bienestar mucho mejor que cualquier otra época. En estos tiempos hay más riesgo de morir por un atracón en el McDonald’s que por hambre.

Ejemplos de izquierda radical como los de Cuba y Venezuela demuestran que cuando la política busca igualdad tiene que necesariamente coartar la libertad porque solo la puede lograr hacia abajo, quitando al que tiene, quitando la propiedad, y sin propiedad las personas no se pueden defender. ¿Cómo pretenden que se rebelen los cubanos o los venezolanos? ¿Denunciando los abusos en las radios, diarios y televisión? ¿a través de las armas quizás? No pueden porque casi todo lo que hay, incluida la comida, le pertenece a los Castro o Maduro (al Estado dirían ellos). Y casos como los de Trump generan que la derecha populista, “achorada” y tonta siga afianzando su posición de ventaja respecto a las clases pobres utilizando aquello de que “si te esfuerzas lo suficiente, también lo lograrás”.

Entonces, ¿cómo creamos riqueza en nuestra nación? Debemos entender de una vez por todas que lo que hace competitivo, desarrollado y rico a un país no son los gobiernos, son las empresas. El nivel de vida de los países depende de la capacidad de las empresas para lograr altos estándares de productividad. Vea el caso de China que hace varios años entendió que para competir por una posición en la dinámica económica mundial necesitaba crear empresas que sean chinas, competitivas y sostenibles; al 2020 (según Forbes) de las 15 empresas más grandes del mundo, 5 eran de origen chino, cuando hasta hace 10 años no había ninguna. China comprendió que no necesitaba un comunismo mas fuerte sino empresas competitivas porque finalmente no importaba de qué color sea el gato, lo importante era que cace ratones.

Hoy en día un peruano es 5 veces menos productivo que un estadounidense, pero no por su nacionalidad sino por la capacidad empresarial. Debemos generar las condiciones para volvernos atractivos para la inversión de compañías competitivas, no aquella que no genera progreso. Debemos desarrollar nuestros clusters locales para generar un entorno microeconómico sólido, formal y competitivo. Son las condiciones institucionales las que generan riqueza en una sociedad. Necesitamos estabilidad política, económica, social, legal y también libertad. Evaluemos cuáles son los candidatos que nos ofrecen ello, evaluemos qué planes de gobierno responden de manera sólida a la pregunta ¿cómo generamos riqueza en el Perú?

Volviendo a la frase del inicio, olvidemos que el “Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”, esa no es la realidad, no nos sirve como país. La prosperidad nacional se crea, no se hereda.

Oscar Gaona, autor: peruano, MBA por el INCAE Business School, con estudios en Rochester Institute of Technology y Harvard BSO, Administración de empresas en la Universidad Andina del Cusco. CEO y fundador de MINDSET, empresa dedicada a consultorías en estrategia e innovación con sede en Panamá.

LinkedIn: Oscar Gaona, autor

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