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Cusco
sábado, julio 4, 2020

Enfermeras cusqueñas: ejemplo de vocación y esfuerzo

En la actualidad, la enfermería socio-sanitaria, se en­cuentra con dificultades para desarrollar sus funciones y su trabajo. Estas dificultades abarcan diferentes aspectos como son: proporción de personal insuficiente, falta de re­cursos materiales, convenios desfavorables, salarios bajos, etcétera. A todo esto, debemos de sumar la realización de un trabajo, en el cual, el trabajo de enfermería tiene un peso importante, no sólo a nivel de realización de técnicas sanitarias, sino todo lo que conlleva la atención directa al paciente y a la familia en una situación de institucionaliza­ción por un periodo de tiempo largo y la cronicidad de las enfermedades

Pese a obstáculos como largas y arriesgadas caminatas e inseguridad de diversos tipos, ellas no se rinden para lograr el objetivo de proteger a niños y niñas. Un ejemplo claro de este esfuerzo sin recompensa es lo que hacen nuestras enfermeras cusqueñas quienes efectúan una ardua labor, especialmente quienes se trasladan a zonas alejadas, en el marco de la campaña de “Barrido nacional de vacunación contra el sarampión, rubeola, parotiditis y la poliomielitis”.

De esta manera, sin importar las dificultades de dis­tancia, frío, insolación y otros, las enfermeras llevan pro­tección a los niños y niñas de las zonas más alejadas de nuestra región. Son ángeles anónimos, así de simple.

En Cusco como en muchas regiones del país, la labor es ardua, no es sólo en la ciudad sino en las zonas rurales donde el trabajo de vacunación representa dificultades porque tenemos zonas alto andinas con grupos poblacio­nales dispersos, las familias no necesariamente están jun­tas, existen caseríos donde de casa en casa hay distancias de cientos de metros entre una y otras.

También están las provincias de La Convención, Pau­cartambo y otras con zonas de ceja de selva y selva; por consiguiente, ahí el trasladarse representa una mayor dificultad. No sólo es administrar la vacuna sino la en­fermera realiza también actividades comunitarias como educación sanitaria, consejería y otros aprovechando la visita domiciliaria.

Hay caminatas de dos a tres horas para llegar a lugares donde no hay acceso vehicular, entonces, debe cruzar­se ríos, quebradas, subir pendientes, estar expuestos a ataques de animales silvestres todo con el objetivo de cumplir con la campaña dispuesta por el Estado en bien de la población.

En este contexto, hablamos de una enfermera comunita­ria, responsable de los cuidados primarios, no sólo dentro de un centro de salud o consultorio, sino también fuera.

Desde el Colegio de Enfermeros del Perú, nos alegra saber que no sólo la población, sino también nuestras autoridades de salud se van dando cuenta del papel tan importante que tienen los profesionales en enfermería. El compromiso en el momento es cumplir con la vacunación al mayor porcentaje de población infantil.

Y al igual que Rosmi Rivas Hurtado, directiva del Colegio de Enfermeros del Perú, Consejo Regional Cusco, resalta­mos este ejemplo y el esfuerzo que despliegan porque los enfermeros conocen y están debidamente entrenados en técnicas de conservación, manipulación y administración de vacunas. No por algo que el Colegio de Enfermeros ofre­ce una capacitación permanente, adecuada y actualizada en sus competencias, una manera de garantizar su activi­dad en las mejores condiciones posibles. Finalmente, rei­teramos nuestra admiración a quienes no les interesa una larga fila de pacientes sin paciencia, la falta de insumos y los bajos sueldos que agudizan la labor de las enfermeras, una profesión mayoritariamente femenina y, por ende, in­visibilizada. El servicio y cuidado está vinculado a la acción doméstica. Así como en la casa la mamá hace todo, pero el papá se lleva las palmas, lo mismo se replica en la salud pública. En pocas palabras un profundo patriarcalismo. Eso debe cambiar. Así sea.

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