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UN PAÍS EN HUELGA

El ciudadano de a pie se pregunta: ¿qué sucede?, ¿por qué tantas huelgas? La respuesta es simple, en apariencia, los bajos salarios. Pero existe un problema mayor, real, de trasfondo. Hablamos del modelo imperante. Éste, neoliberal, considera la salud y la educación inmersas en la lógica del mer­cado. Es decir, como un negocio y no un servicio del Estado.

Un profesor en el Perú, gana la tercera parte que uno en Bolivia y la cuarta parte de uno en el Ecua­dor. En los hospitales no hay medicinas, neoplási­cas atiende al 30% de su capacidad operativa, no había tomógrafo en el Loayza, etc.

El sistema de salud está en emergencia. Las per­sonas no lo perciben, a cabalidad, debido a la can­tidad de clínicas y policlínicos, además de las far­macias, que les posibilitan atenderse. Sin embargo, esta sobre oferta guarda relación con la precariza­ción de los hospitales públicos. Lo mismo sucede con la educación.



El mito, el pensamiento fundamentalista neoliberal, opera de esta manera monstruosa. El abandono de los sectores salud y educación públicos, beneficia a los privados, y por ende, “fortalece” al mercado; el cual presenta características cuasi divinas. Es, por ejemplo infalible, no existe mayor “verdad” aparte de él, otorga la “felicidad”. Se ha convertido en un dios Moloch, cuyos intereses, como muestran los niveles de atraso en la educación y la precariedad en salud, no tienen relación con los intereses reales de las personas. Si no, ¿cómo explicar la reducción del presupuesto destinado al SIS, y el paradójico aumento en el número de afiliados?

Después de tres décadas de crecimiento económi­co, ¿dónde quedó, en manos de quién, ese dinero? Lo más triste, por no decir patético, es que existan pobres de “derecha”, ejemplo de enajenación, de alienación inducida en su máxima expresión. Nos hemos vuelto cómplices de nuestra dominación. Bendecimos al verdugo mientras nos cercena el cuello.



La única manera de cambiar las cosas, es generar un giro total. De lo contrario, el Perú continuará como ha estado desde hace siglos. Recordemos que la conquista subalternizó a la mayor parte de la población. A su vez, generó una minoría ciuda­dana, que gobernó para sí (para España en aquel caso). Luego, sus descendientes hicieron una “in­dependencia” para sí mismos. A pesar del discurso y las “buenas intenciones”, pues se dejó de lado a los indios y a los negros. Luego, otros descendien­tes de los conquistadores, generaron el sistema de haciendas, que impidió el desarrollo del burgo y la existencia de ciudadanos.

Existe, como lo denominaba Julio Cotler, una “ma­triz colonial” dentro de la cual todo lo mencionado tiene vida, vigencia, continuidad. La única manera de que el Perú cambie y sea un país de ciudadanos, cuya razón de ser sean esos mismos ciudadanos y no el mercado o el capital, es destruir esa “matriz colonial”. Un trabajo enorme, pero que debe ser ini­ciado. Esta serie de huelgas de varios sectores a nivel nacional podría, si son bien direccionadas, ser el inicio. Pues cierta es la frase: nosotros que no tenemos nada que perder, tenemos todo por ganar.

AUTOR: FRANCISCO LEÓN

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