Eliminar la causa

Durante una década (2003-2013), el Perú disfrutó de un excepcional crecimiento económico impulsado por factores externos, principalmente, la demanda masiva de materias primas y el alza del precio de los minera­les. Fue una ola que llegó a toda la región de América del Sur.

Este crecimiento generó una bonanza fiscal que per­mitió que el sector público y privado gozara del auge. Hubo tanto dinero, que hasta la cofradía de millonarios en nuestro país aumentó. Países vecinos como Bolivia o Ecuador no desaprovecharon una oportunidad histó­rica, como esta, para desarrollar sus economías y su producción.

El auge empezó a diluirse y despertamos a la cruda realidad. Nuestro país no se industrializó, nuestra pro­ducción, no se diversificó, la mano de obra se abarató y la desigualdad económica se mantuvo. La vida de los peruanos se fue condicionando a las decisiones del mercado, frente a un Estado pasivo que compartía los mismos intereses del gran capital.

Mejorar las condiciones laborales siguió siendo una constante histórica que las autoridades evadieron siempre. Es más, hasta podría decirse que prefieren que esta situación se mantenga. Porque como se ex­plicaría, que a pesar de ser las mypes las que mayores puestos de trabajo generan, no cuenten con asistencia técnica. Cómo se explica que la SUNAFIL tenga solo 8 inspectores para todos los departamentos del interior y que las multas por irregularidades laborales no sean acumulativas. Lo que convierte al trabajo en una suer­te de peligro para la vida de las y los trabajadores.

Y si miramos al interior del país, tendríamos que men­cionar los remotos caseríos en Puerto Maldonado o Iquitos, allí donde niñas son vendidas como pedazos de carne en bares-prostíbulos a obreros mineros que van a malgastar el salario de alguna minera que con­trata a los trabajadores más baratos, así estos, sean niños.

Lo menos hipócrita que el Gobierno puede hacer con relación a la desgracia de Las Malvinas es sancionar a los culpables y que “caigan todos los que tengan que caer”. Sería atroz que la investigación del incendio en Las Malvinas se convierta en otro circo. Tenemos ejem­plos claros como el de Cantagallo o el de “Mesa Redon­da” donde no hubo ningún detenido, los peces gordos nunca cayeron y las autoridades no movieron un dedo por hacer lo contrario.

Socióloga: Alejandra Dinegro Martinez