Poco por lo cual reír

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El cine peruano viene experimentamdo una atención inusitada en las salas comercia­les, desde el estreno y posterior éxito de películas como “¡Asú Mare!” (2013, Maldonado), así como su secuela y pe­lículas parecidas. Todo este conjunto de películas exi­tosas, son una aproximación a los dos géneros más consumidos por los espectadores peruanos, la come­dia y el terror. Ambos géneros vinculados directamente al desarrollo del cine, no solo como una expresión ar­tística, sino también como parte del desarrollo de una de las mayores industrias del entretenimiento, la cual es ampliamente difundida y casi hegemonizada por la producción norteamericana encabezada por Hollywood.

Al igual que los grandes blockbuster, éxitos de taquilla, hollywoodense las películas peruanas recientes de ma­yor éxito comercial, han consolidado un estilo, casi un modelo de producción, caracterizado por recurrir a ros­tros mediáticamente conocidos y la constante presen­cia de auspiciadores, dejando de lado muchas veces, el desarrollo de la historia, profundidad de personajes o el tratamiento de la historia y la repercusión de esta en la vida pública del país.

Es obvio que bajo el argumento de ser “productos de entretenimiento”, los responsables de las mencionas producciones logran distanciarse de las exigencias ur­didas por la crítica, tanto en el plano artístico como en el sociocultural. A pesar de esto, lo ocurrido con la reciente “Avenida Larco” (2017), que buscó presentar, a través de icónicas canciones del rock peruano, los años de violencia y conflicto armado interno, género un intenso debate y que a pesar de las claras limita­ciones de la película, planteó la necesidad de abordar una temática distinta a la ya consolidada. De forma parecida, esta necesidad refleja otra, la de consolidar especias alternativos de exhibición y respaldo a cintas que presentan aproximaciones y temáticas diferentes al modelo de éxito en boga.

Un claro ejemplo de esto es el relativo éxito de taqui­lla de “La Ultima Tarde” (2016, Calero), la cual logro mantenerse en cartelera por unas cuantas semanas, sin necesariamente recurrir al formato antes mencio­nado, y abordar de forma creativa la realidad de post violencia del Perú actual, a partir de un dialogo entre dos personajes que en algún momento de sus vidas compartieron, no solo sus vidas, si no ideales y convic­ciones que poco a poco se han transformado, aunque no del todo, quedando como pendiente cerrar el capí­tulo ya pasado, y esto con todas las implicancias que la metáfora tiene para entender la historia reciente del país. Pero esto no ocurrió con la reciente “Rosa Chum­be” (2015, Relayze), que fue retirada de la cartelera local luego de una sola semana de exhibición, man­teniendo su presencia en muy pocas salas en Lima, a pesar de luchar por un par de años para conseguir su distribución y estreno comercial.

La importancia de acercarse a películas como las de Calero o Relayze, no solo recae en el bienintencionado apoyo a la producción cinematográfica nacional, sino más bien permite generar espacios de reflexión que no están determinados por premisas facilitas y muchas veces superficiales. Por ejemplo, “Rosa Chumbe” cuen­ta la historia de una mujer policía, adicta, tanto al jue­go como al alcohol, encargada de su nieto y con una problemática relación con su hija, y sobre todo atra­pada por la rutina de la vida en Lima, que ser más que una postal de la Marca Perú o una foto de un publirre­portaje que festeje el milagro peruano, es un espacio urbano intensamente vivo, donde las calles y sus habi­tantes son más que el entorno donde se desenvuelven los personajes, ya que se transforman en un personaje más, conteniendo facetas y ambigüedades, que sostie­ne y potencian la narración de la historia.

Descontando la labor realizada por Liliana Trujillo como protagonista de la película, esta tiene como acierto el abordar la realidad diversa de Lima, que se da por he­cho y parece ya omnipresente, desde el perfil socioe­conómico y étnico de los personajes, así como de las duras situaciones y conflictos que viven, de forma no­vedosa dando rostro y cuerpo, especialmente de mu­jer, a muchas personas, afectos y sentimientos que habitualmente son escondidos e invisivilizados. Mien­tras el cine peruano un tanto alejado del modelo de éxito, también siga siendo invisibilizado, a pesar de las muchas comedias, esta situación será poco motivo para reír.

Antrop: Daniel Guevara
“Rosa Chumbe”. Ying Zhang Films, 2015. 1hora 15 mi­nutos.