A PROPÓSITO DE LA CORRUPCIÓN: ‘¿PODER? ¿CUÁL PODER?’

Es el título del último artículo escrito por Herbert Mujica Rojas, autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista perua­no, analista político y ensayista en temas geopolí­ticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de nuestro país y Latinoamérica. Por su importancia y su mensaje reproducimos al­gunos párrafos de este importante análisis que des­nuda lo que en la actualidad se vive en nuestro país y, que debería servir para que podamos reflexionar sobre el manejo que le dan nuestros gobernantes a nuestro Perú. Dice textualmente: ‘A menudo, con la fragilidad que surge de una criminal ignorancia, a veces adrede, se confunde poder con gobierno. El cuento del sistema democrático contribuye en no poco a esta falta de claridad porque se enmascara un comicio como la muestra feliz y sublime de la “expresión ciudadana”. Cuando el hombre común y corriente debe escoger lo hace entre ilustres des­conocidos, no pocos payasos o conocidos demasia­do viles y corruptos. Por tanto, la democracia no sólo no se renueva sino que vulgariza su contenido, lo empequeñece y torna cualquier cosa menos un ejercicio cívico de profilaxia social. Cualquiera lle­ga al gobierno y ejemplos recientes y vigentes hay múltiples. El poder mayestático, insolente, fuerte, está allí, mandando por encima y con todas sus co­rreas de transmisión.

Nuestros esquemas productivos no se deciden en Perú. Los planifican y seleccionan poderes foráneos. Si hay que suministrar gas, para que Chile y otros países del sur tengan su gigantesco gasoducto y produzca el país vecino austral energía eléctrica para venderla a Perú, entonces ¡ese es el rumbo! El poder y sus genízaros, empujan sibilinamente esta “conveniencia”. ¿No hemos visto a PPK, el ciudada­no norteamericano, operador de las transnaciona­les, sosteniendo las bondades de estos esquemas? (…)

Las más de las veces, los que llegan al gobierno tan sólo administran la hacienda para los poderes. De­trás de un sillón con mando aparente, hay otros que cotizan nuestra moneda, nos definen como riesgo país, nos colocan como despensas gasíferas, ener­géticas, acuíferas o minerales de sus logísticas uni­polares y que están tomando las previsiones contra el inevitable dragón chino que despertó con furia multitudinaria y procurando que América Latina sea un patio trasero funcional y engrilletado a Estados Unidos a través de TLCs, tratos bilaterales, Planes Colombia, etc. (…)

El poder es, entre muchos otros ejemplos, Barrick que se las ingenia para no pagar US$ 140 millones de dólares al Perú; poder es el Consorcio Camisea que ha cambiado el contrato con el Perú; poder es la tramposa añagaza perpetrada por Lima Airport Partners adueñándose por muy poco dinero del primer aeropuerto del Perú; poder es Café Britt de Costa Rica que en Lima y en San José de su país natal, trae baratijas chinas y las hace pasar por artesanía peruana o costarricense; poder es una televisión que consagra a mediocres venales como “referentes de opinión” aunque todos sepan que son insignificantes si no venden sus alquilables ha­bilidades; poder es San Dionisio Romero Seminario, un corrupto por donde se le mire, pero cuya palabra decide, literalmente, la vida de sus lacayos y adlá­teres cómplices; poder es, en suma, todo aquello que sirve para prohijar, alentar, fabricar y solidificar un sistema corrupto en que no prevalecen la solida­ridad, la persona humana, sus derechos o cualquier ley para los más sino para los cogollos insolentes y anticholos, es decir para los menos’. Nada más cierto. Por tanto corresponde a nuestros represen­tantes políticos regionales y dirigentes a cambiar esta triste situación que afecta a lo más sensible: nuestro pueblo. Así sea.

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