ACCIONES RÁPIDAS DEL EJECUTIVO

[dropcap]L[/dropcap]a presencia de ministros de Estado en zonas afec­tadas por desastres naturales, con ayuda técnica y humanitaria para la población damnificada, es una pronta respuesta del Gobierno a la emergencia generada por las intensas lluvias que están casti­gando diversos puntos del país. El presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, encabeza ese despliegue, y en su condición de Jefe del Estado se trasladó a la ciudad de Chiclayo para verificar el impacto de las precipitaciones y entregar material en favor de los afectados.

Con el respaldo de las Fuerzas Armadas, el apoyo se centra en el envío de combustible, víveres, cis­ternas y electrobombas para drenar agua desbor­dada. Además, hay acciones como la limpieza de vías de comunicación, el reforzamiento de riberas, el retiro de maleza y desmonte de lechos secos que podrían tener crecidas súbitas y la recuperación de casas dañadas por deslizamientos de lodo.

Para cumplir de manera eficiente con este trabajo, el Poder Ejecutivo ha declarado en estado de emer­gencia algunas jurisdicciones golpeadas por el fenó­meno climático, y tiene previsto hacer lo mismo con otras provincias por el tiempo que sea necesario. Mientras tanto, los integrantes del Gabinete Minis­terial continuarán viajando a escala nacional, tal como lo han hecho esta semana el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, a la zona del río Huaycoloro, en San Juan de Lurigancho; el titular de Vivienda, Construcción y Saneamiento, Edmer Trujillo, a la región Lambayeque; la ministra de Salud, Patricia García, a Piura; y el titular de Defensa, Jorge Nieto, a Arequipa.

De esa manera, el sistema de alerta del Gobierno ante desastres naturales se ha activado, más aún con la advertencia del comité multisectorial encar­gado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) sobre la eventual aparición de esta anoma­lía de magnitud leve en la costa peruana, que pue­de arribar al norte del país entre fines de febrero y comienzos de marzo, circunstancia que contribuiría al incremento de la temperatura del mar y a la fre­cuencia de lluvias.

Aún queda en la memoria de los peruanos la fuer­za de este evento climático en 1983 y 1998, cuan­do las lluvias torrenciales y los episodios de sequía extrema en diversas regiones del país asolaron a la población y generaron millonarias pérdidas, que aún hoy resultan difíciles de calcular. En aquellos años, las zonas donde se produjo El Niño sufrieron la disminución de la producción natural, lo cual im­pactó negativamente en el ámbito social y alteró el aspecto económico. También fue evidente la des­trucción total de la infraestructura productiva y de servicios, la elevación de la mortalidad y la acen­tuación de la migración poblacional.

La prevención para menguar el impacto de la natu­raleza es una tarea compartida, y las medidas para ello no deben partir únicamente del Ejecutivo, sino también de los gobiernos regionales y de los conce­jos provinciales y distritales. Es una tarea pendiente que debe ser una prioridad en la agenda de trabajo de toda autoridad.

La presencia de ministros de Estado en zonas afec­tadas por desastres naturales, con ayuda técnica y humanitaria para la población, es una pronta res­puesta del Gobierno a la emergencia.

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